Políticos y pensiones

ALONSO CHÁVARRI

Viendo un programa de televisión sobre las pensiones, me llamó la atención el debate paralelo que se generó. Por un lado, los pensionistas planteaban sus problemas y sus deseos en ese intento general de conseguir que las pensiones suban a la par que el IPC, arropado por masivas manifestaciones en todo el territorio nacional; por otro lado, los políticos seguían con sus mítines, como si fuera una campaña electoral, sin entrar, en ningún momento, en el debate que planteaban los pensionistas. Este alejamiento de la realidad por parte de los políticos, desgraciadamente, no es un hecho aislado, sino que se percibe con bastante frecuencia; ellos están tan inmersos en sus peleas contra el adversario que olvidan, o eso parece, los problemas reales de sus votantes. Tenemos la sensación, cuando escuchamos a los políticos, de que su misión no es procurar el bien de la mayoría, sino que parece que su principal afán es vencer al adversario. Parecería sensato que los adversarios políticos estuvieran de acuerdo en muchas cosas, si miraran por el bien común, pero es realmente difícil encontrar coincidencias de planteamientos entre adversarios políticos. Siempre encuentran disculpas para llevarse la contraria; incluso, cuando dos partidos opositores dicen lo mismo sobre un tema, encontrarán la manera de oponerse a las propuestas del otro. Lo que sea con tal de que el adversario no se apunte un tanto, por muy beneficiosa que pueda parecer la propuesta para los administrados.

Siempre se ha dicho que los políticos, en su bondad o maldad a la hora de desempeñar el cargo, son una traslación de la ciudadanía, o sea que son igual de buenos o de corruptos, y en la misma proporción, que el resto de ciudadanos, pero yo siempre he estado disconforme con esta afirmación; creo que los políticos están más maleados que el resto, tal vez porque el aprendizaje que tienen en sus partidos, cuando llegan a la política, está más encaminado a buscar el beneficio del partido que el beneficio de la sociedad. De lo contrario, no se entenderían algunas actuaciones que están en la mente de todos. También llama la atención ese afán de los partidos por conseguir parcelas de poder, aunque no estén preparados para esa función. Por ejemplo, se metieron en las cajas de ahorro y acabaron llevándolas a la ruina; intentan lograr universidades 'de partido' y consigue llevarlas al descrédito. Sí, creo que la ciudadanía de a pie no merece que la comparen con sus políticos, aunque sí es directamente responsable de que sigan en su puesto, ya que les vota.

Y volviendo al principio, al tema de las pensiones: el principal razonamiento de los que no quieren subirlas es que no hay dinero. Y suelen preguntar: ¿de dónde lo sacamos? A mí se me ocurre una manera de obtenerlo: bastaría con analizar, uno por uno, los miles y miles de apartados en los que se gasta el dinero de los Presupuestos generales del Estado -pero con detalle y ayuntamientos incluidos, por pequeño que sea el gasto- y preguntarse, en cada partida, ¿qué es más importante, este gasto o subir las pensiones? Por ejemplo, ¿es más importante el Senado o subir las pensiones? ¿Gastar la mitad en festejos en todos los lugares de España o subir las pensiones? ¿Subvencionar en Sebastopol al pájaro carpintero -es un decir- o subir las pensiones? Creo que se solucionaría de un plumazo el problema del dinero. Se volvería a llenar la hucha de las pensiones. Bueno, eso ocurriría si fueran los ciudadanos quienes contestasen a las preguntas, porque, a lo peor, los políticos pensaban que era más importante rescatar las autopistas, los bancos o subvencionar cualquier cosa en Sebastopol -es un decir- que subir las pensiones. Yo no me fiaría mucho. Son políticos.

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