La Política de Cohesión en nuestras manos

Ya hay un amplio consenso en cuanto a que el próximo presupuesto a largo plazo de la Unión Europea tendrá que ser más simple, más flexible y más eficaz

Este viernes, los jefes de Estado y de Gobierno se reunirán en Bruselas para tratar una cuestión que tendrá repercusiones en la vida de los ciudadanos europeos y su futuro común: el próximo presupuesto a largo plazo de la UE. No se tratará de hacer bailar cifras sobre el papel, sino de definir las grandes líneas de un presupuesto del tamaño de nuestras ambiciones y nuestra imaginación como Unión, a fin de que podamos abordar de forma eficaz los retos más acuciantes, tanto los que están en puertas como los que se perfilan en el horizonte: la gestión de la migración a largo plazo, la lucha contra el cambio climático o el mantenimiento de nuestros intereses en una economía globalizada, por mencionar algunos.

A fin de dirigir los debates, la Comisión ha definido opciones concretas, y sus consecuencias, que ilustran ideas que han estado durante mucho tiempo en el debate público. Dos o tres escenarios detallados para cada gran partida de gastos de la UE, diseñados para hacer que el ciudadano reflexione sobre cuánta UE quiere en su vida. Para que tanto los líderes como los ciudadanos puedan tomar decisiones rápidas y con conocimiento de causa.

Efectivamente, el tiempo es esencial en este tema; la Comisión presentará su propuesta el 2 de mayo a fin de que el presupuesto se pueda adoptar antes de las elecciones europeas de 2019. Porque cada semana perdida con vacilaciones sobre líneas presupuestarias tiene repercusiones sobre el terreno. En mi ámbito de competencia, la Política de Cohesión, un retraso en la adopción del presupuesto podría significar que 100.000 proyectos financiados por la UE no empezaran a su debido tiempo. Estamos hablando de pequeñas empresas a la espera de una necesaria inyección financiera de la UE, de la entrega tardía de equipos médicos financiados por la UE, o de niños que tendrán que pasar varios meses más en una escuela que necesita trabajos de renovación inmediatos.

Algunos aspectos de la arquitectura del próximo presupuesto no requerirán largos debates; ya hay un amplio consenso en cuanto a que el próximo presupuesto de la UE tendrá que ser más simple, más flexible y más eficaz.

Por lo que se refiere a la Política de Cohesión, esto significa un menor número de normas, pero más sencillas y más claras para las autoridades responsables de gestionar los fondos y para las empresas que soliciten financiación. Significa que, en un marco presupuestario de siete años, es necesaria una mayor flexibilidad para abordar acontecimientos imprevisibles. Y también significa que la financiación de la UE no solo debería centrarse en ámbitos con un claro valor añadido europeo -la Comisión trabaja actualmente en esta definición- sino que debería asimismo apoyar las reformas allí donde estas sean necesarias, de forma que los resultados de las inversiones públicas y privadas de la UE repercutan más rápidamente y con mayor fuerza sobre los ciudadanos.

La Política de Cohesión, de la que me siento orgullosa de ser responsable, ha demostrado su valor añadido europeo. Como el principal instrumento de inversión, ha sido un salvavidas para muchos países y muchas regiones, ciudades, universidades y empresas de la UE durante la crisis económica, creando 1,2 millones de puestos de trabajo en los últimos diez años. Al abrir nuevos mercados, favorece un mayor crecimiento en todos los Estados miembros, incrementando el comercio y mejorando las infraestructuras. Y, mediante décadas de programas de cooperación transfronteriza, ha contribuido a cerrar las cicatrices de la historia europea.

Porque la política de cohesión no es únicamente fuerza económica; en momentos en que muchos votantes desencantados expresan su frustración dando su apoyo a partidos antieuropeos, la Política de Cohesión muestra sobre el terreno los logros concretos que Europa, trabajando codo con codo con ministros, autoridades regionales, alcaldes y agentes locales, es capaz de lograr. Su valor añadido político no tiene parangón. Garantiza que cada una de las regiones, ciudades y poblaciones -es decir, todos y cada uno de los ciudadanos- puedan beneficiarse del proyecto europeo.

Pero ha llegado el momento de conocer la opinión de los Estados miembros sobre el futuro de la Política de Cohesión y el presupuesto de la Unión Europea en su conjunto. La Comisión presentará una propuesta, pero el Parlamento Europeo y los Estados miembros -es decir, en última instancia, los ciudadanos- tendrán la última palabra. Por tanto, convido a los ciudadanos a que se unan al debate y respondan a la consulta pública lanzada por la Comisión a escala europea el 10 de enero. Las ventajas de la Unión Europea son tan importantes que resulta difícil ponerles un precio, pero eso es justamente lo que tendremos que hacer.

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