Poesía eres tú

RICARDO ROMANOS

Moría julio en Logroño y ya estaban las palabras agazapadas esperando su ocasión. Al principio aleteaban temblorosas en sus oscuros nidales, como no queriendo nacer del todo, convertirse en hermosas y audibles. Pero al poco vencían su timidez de recién nacidas y se oían, sibilantes, sus primeros silabeos. Tenían hambre. Hay que tener en cuenta que las palabras encarnan, engordan rápidamente. Un misterio que los filólogos, los fonetistas y los lingüistas, aun siendo tan extraordinarios forenses del verbo, no han logrado resolver. ¿Será el aire?, se vienen preguntando consternados desde los tiempos de don Ulrico von Wilamowitz-Moellendorff, aquel señor antiguo que las miraba con lupa y luego pretendía diseccionarlas con un bisturí de oro. Porque es echarse a volar y comenzar a lustrarse. Y con el brillo, además, se ilustran. Van adquiriendo extrañas significaciones a la par que se enriquecen llenando el buche de ritmo, volumen, intenciones complejas no siempre del gusto de los humanos oyentes, y sentimientos. Sí, en su crecimiento las palabras se atiborran de emociones, se alteran, se turban, se conmocionan. Cambian de color, que se dice. Esto del color es muy curioso, les pasa como a los camaleones cuando quieren aparearse o lanzar advertencias a posibles depredadores. Las palabras también. Se tornasolan, o se ponen rojas o de un anaranjado brillante. ¡Ojo! -parecen querer decir-. Y, efectivamente, allí hay veneno, aceradas navajas o brillos de relámpago. Sí, a cualquier inadvertido observador las palabras pueden parecerle negras y minúsculas. Sobre todo, cuando a cientos de miles planean fugaces, vertiginosas, en bandadas por entre los hilos del aire. Pero a poco que el mismo observador aguce la intuición y eduque el oído podrá ser testigo de un espectáculo extraordinario. Como los estorninos o los peces de lomos áureos o plateados, pero en tecnicolor. Cuando llegan a la adolescencia se ponen cárdenas y multiplican sus sonidos. O verdes cuando les entra la mordacidad o la envidia. O celestes y confusas cuando se juntan entre ellas porque sí, a tontas y a locas. En esta época de su larguísima vida parece que desafinan, pero no. Van por buen camino. Es que no aciertan a configurarse del todo entre tanta nueva emoción, están muy sensibles y gritonas. Por la noche salen a la calle y la montan. Parda. Pero qué de altisonantes griteríos, madre. De todo esto se aprovechan los poetas, los decidores y algunos cantores de los pocos que nos van quedando. Y salen a pescarlas cuando están dormidas en sus escondites, o parece que duermen en sus diccionarios, excitando sus sensibles antenas con el cebo de la imaginación. Las hay de todo género, claro, porque son vivísimas y colean mucho. Búscalas, encuéntralas. Ahora, llegado agosto, llegan a Logroño a millones. Sí, para aparearse contigo a poquito que pongas interés. O te descuides. Están esperándote clandestinamente en cualquier lugar, no desaproveches la ocasión. Fíjate, vienen cazadores de todo el mundo. Y ojeadoras, ojo. Como runrunean mucho ya que están en celo, sensuales y dispuestas, largan en verso por aquí y allá y no es difícil que alguna se te pose en el hombro y te musite al oído mientras te mente mano aquello de 'Cendal flotante de leve bruma, rizada cinta de blanca espuma, rumor sonoro de arpa de oro, beso del aura, onda de luz, eso eres tú'. O aquello otro de '¿Mi tierra? Mi tierra eres tú. ¿Mi gente? Mi gente eres tú. ¿Y mi vida? Dime, mi vida, ¿qué es si no eres tú?'. Y ya, si me apuras, aquello de 'En dulcísimos conceptos, la dulcísima Poesía, altos, graves y discretos, señora, mi alma te envía envuelta entre mil sonetos'. Y así hasta el infinito. No me digas que no te me vas a poner cachondo o como una lupa romana temblando el deseo en una orgía. Las palabras tienen eso, las palabras tienen sexo, cara y cruz. Las palabras son como enjambres en el papel del cielo. Así que píllalas, escúchalas, bésalas, enriquécete acariciándolas, redondeándolas. Les debes mucho y no cuestan nada. Ya sabes, el agosto logroñés tiene estas cosas, no tan clandestinas como parecen. Aprovéchalas, aprovéchate.

Fotos

Vídeos