Podemos, el caballo de Troya del secesionismo

Podemos, el caballo de Troya del secesionismo

«Creen que al nacionalismo secesionista le ampara incluso nuestra propia Constitución, como si Cataluña fuera una colonia española y le asistiera, por tanto, el derecho a decidir»

ENRIQUE PRADAS MARTÍNEZ

Las élites que dirigen Podemos nunca han querido 'echar' a Rajoy de cualquier manera. Siempre han dicho que irían de la mano con los nacionalismos secesionistas. Y debía ser así, o nada. Tuvieron la ocasión de 'echar' a Rajoy y 'poner' a Sánchez y se negaron. Los problemas de la gente no importaron lo suficiente. No nos debe extrañar por tanto que la reacción de esas élites -ante la decisión de Rajoy de poner en marcha el artículo 155 de nuestra Constitución para someter a un gobierno autonómico en rebeldía- haya sido decir que el gobierno español «ha suspendido la democracia en Cataluña», cuando en realidad han sido Puigdemont y sus huestes quienes decidieron hace tiempo suspenderla. Habrá que recordar que el diputado Coscubiela ya calificó como «bucaneras» las formas empleadas por el nacional-catalanismo para sacar adelante las leyes de desconexión de Cataluña, sin debate, sin otra alternativa a considerar que no fuera la de aceptar el resultado de un referéndum ilegal sobre la independencia, referéndum en el que un 60% de catalanes no se sintieron interesados ni concernidos. Y con apenas un 38% de aceptación 'popular', Puigdemont y los suyos dijeron sentirse legitimados en su rebelde desafío.

Pero Iglesias, Garzón y Colau saben que en Cataluña no está prohibida la butifarra, ni la sardana ni la lengua catalana, y que es una de las regiones más prósperas de Europa. Saben que el presidente Suárez, un año antes de aprobarse la Constitución de 1978, repuso al honorable Tarradellas (ERC) -que se encontraba en el exilio- al frente de la Generalitat, con gran entusiasmo de las izquierdas. Saben que de la Constitución deriva su Estatuto de autonomía, aceptado por abrumadora mayoría de catalanes. Saben que la reforma de la Constitución es posible si la sociedad lo reclama: no hay impedimento alguno, porque (en palabras del magistrado Rodríguez-Zapata), la Constitución es «la única norma jurídica que tiene el privilegio de organizar y presidir su propia muerte». Lo saben, y a pesar de todo ello, Iglesias, Garzón y Colau se prestan al manejo que el nacionalismo hace del denominado «derecho a la autodeterminación», como si Cataluña y el País Vasco, después de todo, fueran colonias españolas. Hablemos de ello.

Tras la 2ª Guerra Mundial se produjo un amplio proceso de descolonización de territorios hasta entonces bajo soberanía de potencias e imperios coloniales. En 1966 la ONU reconoce el derecho de autodeterminación como un derecho que asiste ejercer a los pueblos oprimidos por una clase determinada de estados, estados coloniales, racistas o extranjeros. Ese es el espíritu y la letra del reconocimiento (internacional) del derecho de autodeterminación. En 1977 el gobierno de Suárez lo suscribió, y el compromiso fue recogido en el preámbulo y en el texto constitucional.

En el preámbulo de nuestra Constitución se pone de manifiesto la voluntad de España de «colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la tierra», y se advierte que es contrario al espíritu fundacional de la Constitución española «amparar políticas neocolonialistas». No hay que ser muy espabilado para entender a qué situaciones se refiere la Constitución. Pues nada: Iglesias, Garzón y Colau, prescindiendo de lo establecido en el preámbulo constitucional, retorciendo el sentido con el que se alude al derecho de autodeterminación, creen que al nacionalismo secesionista le ampara incluso nuestra propia Constitución, como si Cataluña fuera una colonia española y le asistiera por tanto el derecho a decidir.

Y para que todo les cuadre, esas tres luminarias no reconocen la existencia del pueblo español, no sea que también 'ese' pueblo reclame su derecho a existir. No reconocen la existencia de la Nación española, ni los valores de la Constitución de 1812, ni de la Constitución republicana de 1931, ni de la de 1978. Así, mediante la más clamorosa y burda manipulación histórica, jurídica y política, allanan el camino a los nacionalistas las élites de Podemos (e IU). Qué honor el suyo, ser el «caballo de Troya» del secesionismo.

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