Poco honorable

El fallido desafío independentista empieza a deambular entre el sainete y la parodia, con la lógica decepción de quienes de buena fe siguieron a sus promotores. A ello ha contribuido el pintoresco 'exilio' de Carles Puigdemont, cuya actuación roza el disparate. El destituido presidente de la Generalitat se escuda en su burda caricatura de un supuesto Estado opresor para intentar justificar su huida al extranjero cuando la Justicia le exige responsabilidades. Su abogado ha apuntado que no comparecerá hoy en la Audiencia Nacional, donde ha sido citado para declarar por un supuesto delito de rebelión, entre otros; y ha planteado que se le tome declaración en Bruselas. A Puigdemont le asisten la presunción de inocencia y todas las garantías de un Estado de derecho. Sólo a la Justicia corresponde determinar si los dislates políticos que ha perpetrado constituyen ilícitos penales. Pero su comportamiento personal demuestra escaso arrojo y dignidad, y parece muy alejado del mínimo exigible a alguien que ha ocupado un cargo que lleva asociado el título de 'molt honorable'. Ignorar una citación de un tribunal sería muy poco honorable y podría tener, además, dolorosas consecuencias para él.

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