PLANES DE AHORRO

MANUEL ALCÁNTARA

Llamamos ahorro a guardar una parte de lo que no se tiene por si vienen tiempos peores. Es sin duda una virtud, pero esos tiempos han llegado, sin hacerle caso a los almanaques, y el prudentísimo Rajoy se ha puesto en el gorro un letrero que dice 'viva el ahorro' y llama a las familias, ahora que en su opinión las cosas van bien, para que no despilfarren lo que no es suyo, sino de todos, o sea, de nadie. «Es el momento de ser previsores», ha dicho, mientras el Gobierno aprobó ayer los incentivos a los planes privados de jubilación, que hace tiempo que no se derivan en júbilo. El futuro, que los griegos decían que está en las rodillas de los dioses, se ha ampliado y llega ahora hasta el pescuezo de sus efímeras criaturas mientras el Gobierno se dispone a tolerar un papel simbólico a Puigdemont que es el único que sabe lo que quiere y sobre todo lo que no quiere: que España sea una contra su parcelación.

El papel simbólico del célebre prófugo sería tolerado si no se le otorga al expresident un reconocimiento administrativo, o sea, que maneje el dinero de todos y lo distribuya él solo o con la ayuda de sus adictos. Modificar el pasado, que es siempre irreparable, está siendo cada día más difícil por muchos remedios que se pongan. ¿Qué han hecho mal nuestros mayores en saber y desgobierno? Cuando me atreví a decir que España era una unidad de desatino en lo universal no sospechaba que iba a tener tantos plagiarios. Ahora la usan, por su cuenta y sin ningún riesgo, los que no se les ocurre nada que anteriormente no se les haya ocurrido a otros. Estamos 'colgados de ayer', que es como llaman en algunos países hispano latinos a la resaca, por no llamarles hispano españoles. Son problemas de herencia y por eso hay quienes la rechazan. Salen carísimas cuando no hay nada que heredar.

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