'EL PISITO'

MANUEL ALCÁNTARA

Cuando nos despertamos del bello sueño de haber derrotado al independentismo, Puigdemont seguía allí. Parece que un grupo de partidarios le mantiene vivo, pero lo cierto es que él cada vez vive mejor. Espacio y tiempo son sus colaboradores. Sabe que lo suyo va para largo y se ha buscado un refugio confortable. Su chalé en la localidad belga de Waterloo es un sitio ideal para aguantar lo que le echen, aunque sea la culpa de todo. Mientras, a Junqueras le han dejado quince días sin patio en la cárcel. El suyo es muy particular, porque cuando llueve en todas partes, donde no nieva, don Carles no se moja. Ahora está ocupado en amueblar el palacete republicano donde piensa pasar mucho tiempo. El necesario para mantener viva la investidura, que se ha atrancado lo suficiente para tenernos entretenidos a todos, incluso a los que no nos afecta directamente si no de rebote.

Algunos de sus diputados le están pidiendo que se aparte y busque un candidato alternativo, pero él cree que es insustituible y hay ahora hechos que le dan la razón. Su salud mental es dudosa, pero la del resto de su cuerpo es magnífica. Cada vez aparece más contento en las fotografías. Después de la poda del flequillo le gusta dar la cara, que ciertamente ha mejorado bastante porque antes no se la veía en su totalidad. Algunos incondicionales le siguen poniendo condiciones, pero otros lo aceptan todo. Total, que la situación catalana es desesperada, pero no grave. Ahora se habla de una presidencia simbólica y otra efectiva. ¿Con cuál nos quedamos? El líder fugado a Bruselas puede perder comba, pero el baile continúa. Del mal, el menos, aunque sea bastante malo.

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