La pertinaz sequía

En la época reciente, sólo 1981 ha sido un año más seco que el actual. Varios expertos opinan sobre este problema endémico, agravado probablemente por el cambio climático, y las posibles actuaciones que pueden contribuir a resolverlo o, al menos, a hacerlo más llevadero. En el campo de la oferta, los ríos de este país están bien regulados y gracias a ello es posible aprovechar este bien escaso que es el agua de lluvia. Sin embargo, poco se ha hecho en materia de conexión de cuencas, ni siquiera de planificación de un recurso escaso y aleatorio, vital para la vida, para la agricultura y para la economía. Tales infraestructuras, presas y acueductos, muy agresivas para el medio ambiente, son hoy impopulares, pero sin ellas no podríamos ni garantizar el abastecimiento humano. En el terreno de la demanda, la agricultura consume más del 80% del gasto de agua, y lo hace con bajísimas tasas de productividad. Asimismo, algunos cálculos aseguran que el 25% del agua distribuida se pierde por las fugas de la red. Probablemente, este es un despilfarro que un país de bajas precipitaciones como el nuestro no puede permitirse. Hay un vasto trabajo que realizar para mejorar la disponibilidad del agua, y lo importante es no limitar la reflexión ni las medidas tan sólo a los periodos de sequía: todo el tiempo, aun en la abundancia, ha de trabajarse en un sentido conservacionista y previsor.

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