Perfidia en casa

SYLVIA SASTRE

Titulares y noticias nos asaltan constantemente manteniéndonos informados de una «macro-realidad», a veces incómoda, configurada por los avatares políticos, las guerras, la inmigración, los atentados, los fraudes, la economía, etc., difuminando otra realidad, la cotidiana, fraguada en la vida íntima que a veces se tiñe de pérfidos dramas puertas adentro de algunos hogares, supuestamente, protectores; dramas que suceden ante los ojos de todos, con disimulo, y que no se divulgan o se recogen en los apartados de «sociedad» o «sucesos» de los rotativos y medios de comunicación.

Hechos extraordinarios como el del niño salvaje de Aveyron parecen eco de otras épocas en las que los humanos no vivíamos en una sociedad avanzada en la que la defensa internacional de los Derechos del Niño está legislada internacionalmente, y en la que los programas para la prevención del bienestar infantil son imprescindibles.

Cuesta explicarse que, además de otros dramas silenciados, se estén produciendo espeluznantes situaciones de negligencia y severo maltrato infantil dentro de las viviendas, de mano de progenitores aparentemente «dignos» con vidas profesionales exitosas e incluso vinculadas a la educación de los hijos de otros, como el execrable hecho de la «casa del terror» recientemente descubierto en California por el que un matrimonio ha sido condenado por tortura y secuestro de 12 de sus 13 hijos encontrados en evidente estado de desnutrición y suciedad, lesiones nerviosas y secuelas cognitivas, viviendo aislados en condiciones inmundas, sin comida, derecho a higiene ni ser asistidos médicamente, e incluso atados con cadenas. Este cuadro espeluznante ha destacado en el país la reciente condena por crueldad de una mujer por haber torturado, secuestrado y matado de hambre a su hija adoptiva de 16 años, también recluida en casa, a pesar de sus intentos de pedir ayuda y comida al exterior, atendidos con indiferencia. Francia, el sábado pasado, condenó a una pareja por la muerte a golpes continuados y desaparición de una niña de cinco años. España, lamentablemente, no escapa a esta lacra, por ejemplo, la semana pasada una niña de 11 años, cuyos padres aseguran desconocer qué le ocurría, dio a luz en Murcia.

Son algunas muestras de lo inaudito: la crueldad antinatural de algunos padres cebada en los hijos, caudal y reserva para la renovación de una sociedad sana cuyo éxito radica en la próxima generación saludable. La perfidia contra los niños por parte de los seres de los deben recibir la necesaria interacción positiva de apego inquebrantable, que forja la salud y fundamenta la confianza en los otros, produce graves secuelas personales, económicas y sociales: desde la propia vida, la salud mental o la incapacidad de criar hijos saludablemente, hasta la hipoteca para el progreso de una sociedad cuyos cimientos se resquebrajan cuando la maldad de los padres se proyecta en los hijos, cercenando el futuro de todos.

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