LA PENÚLTIMA DEUDA

MANUEL ALCÁNTARA

Dicen que cantando la pena, la pena se olvida, pero si la canta Maite Martín se recuerda mejor. Nada más emocionante a cierta edad, cuando ya no se está para grandes emociones, que reencontrarse con los amigos y comprobar que sin ellos «todo lo demás es selva». Lo peor es hacer números y darse cuenta de que las cuentas no salen. La facturita de las pensiones ha crecido un tres por ciento y bate su propia plusmarca al llegar a los 8.881 millones. Para decirlo de otro modo, pero no de distinta manera, cada compatriota, incluso de los que no quieren serlo, tendría que trabajar gratis durante 69 días para pagar la deuda autonómica y cumplir la Ley de Estabilidad. No estamos por la labor ni por descansar de ella, mientras el Banco de España advierte del riesgo de un rebrote del 'procés' y Cataluña sufre ya los llamados «efectos negativos» en turismo, en comercio, en vivienda y lo que es peor, en consumo. Los empresarios y los partidos políticos le están pidiendo a Ciudadanos que Arrimadas trate de formar Gobierno, aunque sus posibilidades de gobernar sean tan pequeñas que no se divisan a distancia. Doña Inés del alma nuestra es la más valiente, pero le piden que sea temeraria.

El orbe católico, que es bastante más pequeño que el universo, dice por boca del buen Papa Francisco, que en Europa se está desnaturalizando la Navidad hasta convertirla en un festejo de luces y sonidos. Ciertamente, a escote nada es caro, pero la deuda hay que pagarla hasta la última moneda. Los que no son cristianos se limitan a hablar de lo que ellos llaman «los desagradables sucesos de Jerusalén», y los malos cristianos, como yo, seguimos creyendo en su magia, sobre todo cuando hay criaturas recientes, animándolo todo. Hay cosas que solo se entienden al principio de la vida.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos