PENSIONES

MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ - EL TRAGALUZ

P ara hacer una tortilla de patatas, dos ingredientes son imprescindibles: patatas y huevos. Para mantener el modelo público de pensiones español, como mínimo, son necesarios dos factores: que nazcan niños, futuros afiliados a la Seguridad Social, y que el empleo que se cree comprometa unas bases de cotización suficientes. Pues bien. España no puede hacer tortillas: ni nacen niños, ni el mercado laboral ofrece empleos retribuidos con unos salarios aptos para contribuir de forma adecuada al mantenimiento de nuestro sistema público de retiro laboral.

Son muchos los expertos que llevan años advirtiendo de que las políticas de ayuda a los hogares deben ir más allá de los permisos de maternidad y paternidad y del tratamiento fiscal a las familias, a años luz de lo generosos que resultan en Alemania o en Francia, países donde las ayudas por hijos a cargo se encuentran entre las más notables de la Unión Europea. Más allá de los cambios sociológicos experimentados por los españoles, sobre todo por las mujeres, la economía influye sobre manera, y la falta de una firme red de apoyo económico y social a la natalidad explica que nuestro país siempre destaque por posicionarse entre los indicadores de natalidad más bajos de la UE.

Durante los años de expansión económica, la inmigración palió ese déficit de nacimientos, pero los inmigrantes se convirtieron en emigrantes con la crisis y cada vez nacen menos españoles. Así que en unas dos décadas, a la vuelta de la esquina, viviremos en un país donde cada vez menos población ocupada pague las pensiones de una sociedad cada vez más envejecida.

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