Las pensiones

ALONSO CHÁVARRI

Aunque la ministra Báñez intentó presentar como una ventaja para muchos la pretendida reforma de las pensiones en la que contabilizaría toda la vida laboral a la hora del cálculo de la pensión, nadie ha creído que la propuesta de reforma sea una ventaja; y no ha sido creída, no tanto porque esa opción de poder elegir, en algunos casos, los años de cotización sea mala en sí misma, sino porque ya nadie cree que una propuesta de reforma de las pensiones sea para mejorarlas, pues todos estamos convencidos de que las reformas que hace el Gobierno, de lo que sea, son para que cobremos menos o para que paguemos más. Es lo mismo que cuando llama a la puerta de nuestra vivienda una señorita, enviada por una empresa de electricidad, pongamos por caso, y nos intenta convencer de que ahorraremos mucho dinero si elegimos una determinada y nueva tarifa. ¡Pero en qué cabeza cabe pensar que una empresa, de electricidad o de lo que sea, va a venir a ofrecernos que le paguemos menos! Pues el Gobierno... igual.

Hace tiempo que hay un bombardeo de mensajes, interesados por supuesto, desde distintos ámbitos, para hacernos creer que las pensiones no son viables y que hay que hacer una reforma del sueldo de los jubilados -eufemismo para decir que hay que cobrar menos-; a mí se me ocurren muchas partidas de donde se puede quitar dinero para subir las pensiones, pero me temo que a los poderes públicos no les gustaría mi ocurrencia; también nos bombardean con los planes de pensiones privados, lo cual es el chocolate del loro, por no decir otra cosa más fea, pues es bien sabido que sólo pueden ahorrar en planes privados aquellos que no lo van a necesitar en su jubilación, aparte de que al cobrarlos viene Hacienda con la rebaja y se lleva un pico.

Lo primero que hemos de tener en cuenta, al hablar de las pensiones, es que no son un regalo gracioso que nos hacen los gobernantes de turno, sino que vienen a ser una devolución del dinero que cada uno de los pensionistas entregó a la administración durante toda su vida laboral. O sea que el pensionista ya ha pagado lo que ahora le devuelven.

Lo segundo a considerar es que las pensiones no tienen por qué ser pagadas exclusivamente con las aportaciones de los cotizantes, pues, en su momento, las cotizaciones se utilizaron para otras cosas; si se hubiera creado un fondo de inversión desde el principio con las cotizaciones de las futuras pensiones, entonces sí habría que pagarlas con los beneficios de ese fondo, pero si se utilizaron para otras cosas, que también se paguen con otras cosas.

Llama la atención que los gobernantes -no sólo la derecha, aunque ésta más- tengan la mano tan rápida para utilizar dinero público en beneficiar a empresas privadas, como se vio en los cien mil millones de euros que, dicen algunos, se emplearon en el rescate bancario y no se han devuelto, a pesar de que se consiente que esos bancos rescatados paguen dividendo a sus accionistas o, como ahora parece, para pagar a las autopistas de peaje su falta de beneficios, pues alguien les hizo un contrato en el que, si había beneficios, eran para las empresas y, si había pérdidas, las pagamos todos -así yo también hago negocios-, y, sin embargo, tengan la mano de firmar muy lenta a la hora de conceder algún beneficio, como es aumentar las pensiones, a los ciudadanos de a pie.

Esto sólo se arregla de una manera, aunque no es fácil que los pensionistas se pongan de acuerdo: que nadie vote, en las siguientes elecciones, al partido que les haga perder poder adquisitivo en la pensión. Eso sí sería definitivo para encontrar dinero para mejorar las pensiones. Aunque pueda parecer que no lo haya.

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