PENAS Y OLVIDOS

MANUEL ALCÁNTARA

Somos el país, no el primero pero sí el segundo, con más paro de la Unión Europea. A todo hay siempre alguien que nos gane, pero nosotros, protegidos por la insensatez, estamos este verano más contentos que unas pascuas. Cristóbal Montoro ha confirmado que bajará el IRPF el año que viene. Siempre es para después la fecha, pero acaba llegando. ¿Qué es un año en el calendario del Señor?, se preguntaban los místicos que no esperaban ninguna respuesta inmediata. La rebaja de impuestos es no sólo posible, sino que se va a hacer. El ministro de Hacienda no únicamente lo ha firmado, sino que además lo ha confirmado en la presentación de los Presupuestos. Ciertamente, quedan cabos sueltos, pero hay lugar para reducir la asfixiante presión fiscal. Lo que no sabemos es si habrá sitio. Quienes «abominamos de la boca que predice zodiacos funestos», incluido Mariano Rajoy, hemos aprendido a esperar contra toda esperanza. ¿Por qué el futuro imperfecto no va a ser mejor que el detestable presente? Es muy dificultoso hacer las cosas peor de como las hemos venido haciendo, gracias al chirrión de los políticos, pero el miedo al fracaso ha abierto grietas hasta en el separatismo catalán y Puigdemont se ha cargado a su consejero favorito por atreverse a dudar si habrá o no habrá elecciones ilegales.

La reaparición de Urdangarin, al que le llaman Iñaki los íntimos, ha devuelto al primer plano al que nunca se había ido de él. El endurecimiento de su condena se debería, según los fiscales del Tribunal Supremo, a que algunos delitos por los que fue condenado se han quedado antiguos. El marido de la infanta Cristina no se conforma con tenerlo todo, ya que su aspiración era tener más. Los fantasmas del inmediato pasado no siguen pisando las sábanas y no nos dejan dormir tranquilos en las calientes noches del verano, que no ha hecho más que empezar y viene para quedarse, olvidando la penas.

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