Dos pelmazos

JULIO ARMAS

Esto que voy a contarles, día arriba día abajo, pasó hace medio siglo. ¡Qué barbaridad!, ahí es nada. Era una noche de invierno y estaba nevando. La Tuna (la última gran tuna que hubo en Logroño), como siempre que salía, se estaba reuniendo en el bar que quedaba frente por frente de la Escuela de Artes y Oficios. A eso de las diez y media, dejando el calorcito en el que estábamos, y formando de «aquella manera», nos pusimos en marcha.

«Escucha niña, este pasacalles // que dedicado a tu belleza va // por ser la chica más guapa del barrio // la más bonita de la localidad. // Se va... se va, se va.... Se va la tuna ya se va...»

Teníamos que ir a una ronda de las de subir hasta uno de los portales de Calvo Sotelo (tendencia José, por aquellos años). Y fue al llegar a la esquina del Círculo Logroñés cuando los vimos. Eran dos individuos que estaban medio apoyados en una de las carteleras del cine Diana. Serios y circunspectos, no se caían al suelo porque la frente de uno descansaba sobre la frente del otro. Pueden imaginarse la escena.

Y ya estábamos a punto de dejarlos atrás cuando el pandereta vino a decirnos que nos paráramos un poco porque merecía la pena que escucháramos lo que aquella pareja de borrachetes estaban diciéndose en posición tan extravagante. Y la verdad es que aquello no tenía desperdicio. Imagínense: los dos frente a frente y nunca mejor escrito eso de frente a frente. Y uno de ellos, con lengua estropajosa, le decía al otro: «Te juro por la gloria de mi madre, que es lo que más quiero en este mundo, que como vuelvas a decir eso... te parto la frente a cachos». Y al ratito, y al parecer después de haber reflexionado bien la respuesta, el otro, con la misma seriedad y la misma lengua de trapo, le respondía: «Y yo a ti te mato».

Y esto no les parecerá muy gracioso y es normal que no se lo parezca porque lo gracioso no era que se dijesen eso, lo gracioso, lo verdaderamente gracioso era que ese diálogo lo repetían una y otra vez. Sin mover un músculo de la cara. Allí quietos, pegada una frente a la del otro. «Te juro por la gloria de mi madre, que es lo que más quiero en este mundo, que como vuelvas a decir eso... te parto la frente a cachos»... y al ratito y lentamente se oía... «Y yo a ti te mato». Y otra, y otra y otra.

Muchas veces a lo largo de estos días me ha venido a la memoria la imagen de esta historieta: te parto la frente a cachos... y yo a ti te mato. Y de ahí no nos movemos. Los dos frente a frente, el que hizo lo que no tenía que hacer y el que por poco no hace lo que debía. Uno frente a otro: ...te parto la frente a cachos... y yo a ti te mato.

Oigan, de verdad, ¿ustedes no están hasta el gorro de tanto ven y vete catalán? ¿Ustedes no están hasta la coronilla de ese «tanta carta te envío, muy a mi modo, que con poquitas palabras te digo todo»... que canta la chacarera? ¿Hasta cuándo va a durar el sainete? Todo el proceso de independencia, desde sus inicios, es ilegal, pero unos hablan como si no lo fuera y defienden su razón como si la tuvieran.

- Hay que tener en cuenta que como siete por cuatro son veinticinco...-dice uno.

- Oiga, perdone, que son veintiocho -le responde el otro.

- Por eso es importante que se defienda el hecho de que el resultado de esa multiplicación sea divisible por cinco -le responde el primero.

Así andamos y así se entretiene esta gente, unos preguntando por dónde se va a Zaragoza, otros respondiendo que de coger higos viene y, mientras tanto, las empresas catalanas antes de entrar dejan salir y todas parecen que se han puesto de acuerdo en gritar eso de que la última que se vaya que apague la luz.

Esta historieta catalana no es la de Ende, pero también parece una historia interminable. Y ahora, mientras escribo estas líneas y para acabar de redondearlas, oigo que la independencia catalana ya ha sido proclamada y que unos dicen que quieren votar mientras otros dicen que no votarán. Cuando la pena, la gran pena de todo esto, es que no se voten los unos a los otros...pero con 'b' de burro. Y yo aquí ceso, pero pueden estar seguros de que ellos seguirán, como los de la esquina, bajo la nieve, balbuceantes y pelándose de frío. «...te parto la frente a cachos... y yo a ti te mato». Cansinos, que son ustedes todos muy cansinos, de verdad. Hasta el domingo que viene, si Dios quiere, y ya saben, no tengan miedo.

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