Pasajerismos

RICARDO ROMANOS

Ve usted? Me lo acabo de inventar. El palabro del título, digo. La RAE debería tener un negociado de patentes. Oiga, miren señores de la Academia que pule, limpia y da esplendor, que vengo a patentar estos palabros, a ver qué les parecen. Y unos cuantos doctos señores del negociado de patentes de la RAE hacen su conciliábulo, que no hay que confundir con un vestíbulo, con un convólvulo ni con un coágulo porque un conciliábulo es otra cosa, y dictaminan si las palabras inventadas por el gentío tienen razón de ser o no. Porque hay un montón de majaderos sueltos por ahí usando verbos sin ton ni son que da grima. Pero volvamos a lo nuestro y démosle a la Realísima hasta la entrada: Pasajerismo m. Afición idiota, modismo agilipollado que se introduce en el lenguaje para demostrar que uno (o una) es un tonto del nabo. Expresión tomada o adaptada de cualquier tontería para darse fuste. Palabro, frase o gesto ilustrador (como el de los deditos índice y corazón entrecomillando el aire, esa cursilada) que aparece de repente, se incrusta en las mentes de periodistas, políticos, tertulianos y demás microfonistas, lo sueltan, la sueltan en todo momento durante un tiempo, para desaparecer al cabo, menos mal. Palabro de moda pasajera. O así, ya me dirán los doctos. Desde hace algún tiempo un pasajerismo que se emplea mucho es el de . Todo tiene su relato. «Es que el del (otro pasajerismo barbarizante, pronunciadito, que esperamos, ay virgencita mía, que desaparezca lo antes posible del habla, la escritura periodística y el ambiente general) está lleno de embustes». Otro: «Las banderas blancas y la crisis de relato en las identidades». Y otros dos más, pero podría rellenar esta ventana con cientos: «Escupitajos y empujones: el relato de los que mostraron la bandera de España». O esta genialidad del Departamento de Trabajo Social de la Universidad de Deusto: «Elementos para un relato de la gobernanza del Sistema Vasco de Servicios Sociales». En fin. Un palabro que suena mucho, pero que mucho, es anglicismo de admitido, sí, por la RAE: conceder poder. Pero que a mí me suena grandilocuente, pomposo: «Hay que empoderar a las mujeres gitanas»; «Empoderaremos a las comunidades inmigrantes», leo por aquí y por allá. Dicho con la boca llena de aire da como pavor: ¿qué les irán a hacer a esos pobres? Y qué me dice usted de , ¿eh? Bueno, vale, bien, ya sabemos que, para estar al día en cuestiones de moda, por ejemplo, hay que conocer no menos de quinientos pasajerismos en francés, inglés, italiano y hasta en chino mandarín por no dar un (pintiparado, me ha quedado). Pero que a un robaperas le pregunten en un programa radiofónico que a qué se dedica y te conteste que es o lo que es peor, o es como para decirle aquello de: anda, esperducio, quítate de ahí que te doy un languarinazo que te vas a enterar. Hay pasajerismos que mal empleados resultan monstruosos, como que viene del latín: adaptarse, replegarse, y últimamente en boca y pluma de muchos para definir cualquier majadería; interrumpido, roto. Y escuchas decir a una cultilatiniparla en un programa televisual de braga y calzoncillo: «Sí, fue un matrimonio muy disruptivo», en vez de hablar clarito: se tiraban los trastos a la cabeza. Y qué me dice usted de : «Hay que visibilizar el problema». Sí, colega, que ya veo dónde está y esto no tiene solución. O: «Debemos visibilizar a la mujer». Pues sí, lo que tú digas, socióloga. Lo que queda muy mono es lo de «por sus siglas en inglés», ese relleno: «El ISIS (por sus siglas en inglés); la NATO (por sus siglas en inglés)». A ver, chicos y chicas de PRISA: que ya nos hemos enterao. Pues eso, que «a la luz de la realidad» (topicazo de Dios es Cristo), el relato que sea está cada vez más oscuro. Más pedante, más lleno de pasajerismos. Más atontochorrao.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos