Yo no sé qué pasa...

RICARDO ROMANOS

De pequeño, como casi todos los niños de aquel mi entonces, quería ser bombero. Bueno, también hombre rana, pero no hace al caso. Se me quedó la admiración. Para siempre. Por los bomberos, ellos, y por sus camiones, por su valor, por sus escaleras al cielo y por la riesgosa dureza de su trabajo, por sus atuendos, sus cascos, por su entereza, por la boca dorada de sus mangueras. Por su entrega a la causa ciudadana. Y va, y ahora de mayor no sé qué pasa con nuestros bomberos de Logroño. ¿Y usted? Hombre, sabemos desde hace casi tres años que no se llevan muy bien con el equipo gobernante municipal sino todo lo contrario. Por cuestiones económicas, pensaba yo. Pero cuando hará un año pusieron aquel cartelón en la fachada de su cuartel diciéndonos que estaban hasta los cojones pensé que había algo más, aunque sigamos sin saber con la claridad que el asunto merece, por tratarse de un servicio esencial, cuáles son sus exactas reivindicaciones y los porqués de sus desavenencias con el equipo de Cuca Gamarra. ¿Lo sabe usted? También pensé que, para ganarse la simpatía vecinal, sus estrategas sindicales no habían hilado fino con los cojones pancarteros allá en lo alto. Porque no a todo el mundo le hizo gracia el viril desplante. Luego vimos a un bombero acampado en la plaza del Ayuntamiento en protesta contra las guardias localizadas forzosas: «El Ayuntamiento, bajo amenaza de sanción, nos obliga a estar a menos de 15 minutos del parque y a su disposición durante 12 horas al día cuando termina nuestra jornada laboral», comentaba. Imposición que, vista así, me parece surrealista dado dónde se encuentra el Parque. Total, que mis admirados bomberos deciden acudir a la Justicia para solucionar sus problemas, que también son los míos, mientras sus responsables políticos aducen que el desencuentro entre las partes se debe a que los bomberos no se quieren sentar a la Mesa de Negociación. Así que, o yo ando en las nubes, que puede ser o, a pesar de todo lo que leo por aquí y por allá, no me han sabido explicar bien el lío ni desde el Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento ni desde el Ejecutivo consistorial. Claro que lo que tampoco comprendo es que, en unas instalaciones donde supongo un numeroso retén en permanencia, nadie advirtiera que alguien, quizá un furtivo ninja, se introdujera en ellas y boicoteara puertas, cerraduras y algún que otro utensilio: bienes de y para la ciudadanía, bienes públicos pagados por los contribuyentes y que obligan a su mantenimiento y custodia. Desnortado el ninja, digo. Sé que los ninjas pueden llegar a parecer invisibles. Pero todo un retén de bomberos en permanencia, alertados, debería estar más al loro para que no se les cuele un pirado. Parece ser, yo no sé qué pasa, que el equipo de Cuca Gamarra sospecha que el autor no fue un ninja. Y no sólo culpa de los desperfectos a los que allí estaban, sino que les ha metido un 155, tal que un expediente disciplinario, que suena fatal, «hasta que se aclaren los hechos». Digo yo que debería ser al revés: primero se aclaran los hechos y luego, si procede, el municipal 155 y por allí te la hinco. Porque si el autor o autores de los estropicios no fue algún guerrero japonés mi inmaculada y mítica imagen de Cuerpo tan aguerrido sufrirá un derrame moral. Tan sólo ruego desde aquí que a nuestros bomberos no les dé por una huelga de celo echando leña a alguna impredecible hoguera. Como hizo nuestra Policía Local, a la que le dio por multar a lo ninja en plenas fiestas de San Mateo para hacer visibles ante la ciudadanía sus problemas económicos y de organización, mejorando muy notablemente con tal acción reivindicativa nuestro afecto y confianza, ¿no? Yo no sé qué pasa, ya digo, pero me resulta chocante que los ediles con mando en plaza hayan impactado contra Policía y Bomberos, en ambos casos y según se dice, por carencias de gestión, de formación, de materiales y de personal, entre otras cuestiones. Hay que apagar esta ignición, este disparate, o pagaremos los paganos. A trabajadores que se juegan la vida en sus cometidos hay que tenerlos en mucha consideración, hay que cuidarlos. Que tan sólo 56 bomberos cubran Logroño, La Rioja Centro y partes de Álava y Navarra es para mirarlo. Y para que se lo miren los ediles responsables del Servicio. Pero ya digo, no estoy muy puesto en el temario, necesito que alguien me lo pormenorice porque me huele a fosfatina. Y porque quiero seguir soñando con ser bombero. De mayor. Para saber qué pasa y el porqué, para enterarme de una vez. ¿Y usted?

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