PARIR EN CASA

CAUTIVO Y DESARMADO - PABLO ÁLVAREZ

El otro día murió un bebé después de que sus padres decidieran traerle al mundo en su casa. Obsérvese que digo «después de», no «a causa de». No soy quién para decir si semejante tragedia podría haberse o no evitado si el crío hubiera nacido en el San Pedro. Todo mi respeto, pues, para el dolor de esa familia, y mi deseo de que el tiempo lo mitigue de la mejor manera posible.

Pero el caso me ha puesto ante los ojos una realidad que me deja atónito: que un número indeterminado de profesionales del sistema de salud de La Rioja (matrones y matronas) están de alguna forma amparando, ofertando o hasta aconsejando los partos en casa como una opción más, pese a que los responsables de los servicios de Ginecología de La Rioja lo desaconsejen fervientemente.

Entiendo que muchas mujeres vieran el parto en el hospital, hasta hace bien poco, como un proceso en el que pasaban a través de una especie de máquina quirúrgica en la que todo dios, literalmente, metía mano. Sé que eso está cambiando para bien en muchos hospitales, y es de agradecer. Pero lo que no ha cambiado es una realidad sencilla e innegable: el lugar más seguro para dar a luz es un hospital. Las mismas asociaciones bienintencionadas (y los mismos matrones que cobran el parto a 2.000 euros) aconsejan que, por si las moscas, las Urgencias más cercanas estén a 20 minutos.

Pues mejor será que estén a cero minutos, se me ocurre. Evidentemente no existen seguridades absolutas, y hay cosas que pueden ir mal incluso en un hospital. Pero estando en juego lo que está en juego para el bebé, no veo la necesidad de comprar boletos de más para el desastre.

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