Y ahora, los 'Paradise Papers'

SYLVIA SASTRE

Hace poco más de un año nos escandalizábamos ante el fraude económico de evasión fiscal de los Papeles de Panamá que denunciaba el ocultamiento de propiedades y evasión de capitales o tributaria de respetables empresas, jefes de Estado y de gobierno, políticos o personalidades de las finanzas, negocios, deportes y arte de la esfera mundial.

Hace una semana, el periódico Le Monde, junto con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICU), hacía públicos los 'Paradise Papers' sobre negocios en paraísos fiscales (Aruba, Bahamas, Barbados, Bermudas, Islas Caimán o Trinidad y Tobago, etc, ampliados a territorios cercanos como la isla de Malta o la de Man), poniendo en evidencia los agujeros negros de la economía mundial. Ahora no se trata tanto de ganancias ilegales o blanqueo de dinero negro, sino del resultado de sofisticados esquemas de optimización fiscal que utilizan desde la reina de Inglaterra a políticos norteamericanos (por ej. Wilburg Ross, secretario de comercio) o canadienses (por ej. Stephen Bronfman, tesorero del Partido Liberal), empresas del entorno Trump, grandes empresas en Europa o multinacionales (Nike, Apple, etc), grandes fortunas internacionales, oligarcas rusos, hombres de negocio africanos... o grandes deportistas.

Parece que la avaricia y la evasión fiscal de los ricos hacia paraísos de impuesto cero es práctica común y lucrativa entre un mundo elitista del siglo XXI insolidario con las necesidades sociales y resto de contribuyentes que, a veces, no pueden afrontar sus impuestos fiscales. Es una paradoja revelada en noviembre, mes en el que algunos españoles afrontan la parte del impuesto de la renta que no han podido pagar entero en junio. Las cantidades evadidas por esa élite infractora no son nimias; según los cálculos, tienen un coste de 350 millones de pérdidas fiscales (120 millones en la Unión europea).

Es amoral e injusto. Amoral por ser quienes son los que utilizan este medio de poner a salvo su fortuna amparándose en los fallos del sistema de impuestos internacional, bajo sofisticadas operaciones de apariencia legal que permiten soslayar el deber de invertir en el Estado donde residen y algunos gobiernan (imponiéndolo a otros). Injusto porque estos estados democráticos tienen como base la igualdad ante los impuestos.

En los próximos días conoceremos más secretos de conocidas empresas y fortunas multinacionales junto con las trapichuelas disimuladas que les permiten escapar al control democrático y el deber moral con sus conciudadanos. Mientras tanto, el contribuyente se abruma con noticias y situaciones que sirven de pantalla a los políticos a quienes deberíamos exigir que, al menos, ejercieran como líderes de progreso sin decepcionar al ciudadano ante unos retos que afrontan desde el egoísmo partidista.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos