Palestina y la Liga Árabe

Los ministros de Exteriores de los países de la Liga Árabe condenaron en términos severos la decisión de Donald Trump de considerar la ciudad de Jerusalén como la capital de Israel. Aunque el texto del comunicado árabe es formalmente muy duro responde de hecho a lo esperado en los medios diplomáticos: un gesto inevitable que traduce más incomodidad que cólera. La razón es la complicada coyuntura que atraviesa Oriente Próximo. Mientras la calle árabe es tan propalestina como siempre, los gobiernos, tras 50 años de ocupación israelí del Este de la ciudad y sumidos en serios problemas políticos, sociales y económicos, han hecho el mínimo que cabía esperar. Sólo el presidente palestino, Mahmud Abás, ha cancelado la reunión prevista con el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, que visitará la región dentro de poco. En un marco regional tan agitado y variable, la Liga ha servido para canalizar una protesta que rezuma cierta resignación. En efecto, Oriente Medio es de nuevo un polvorín que ya ha encendido fuegos activos en Yemen y está desangrado por las guerras en Irak y Siria. Mientras, Arabia Saudí se enfrenta al auge de Teherán. En este contexto, la cuestión palestina pasa, lamentablemente, a un segundo plano.

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