De las palabras a los hechos

El Gobierno de Pedro Sánchez necesita una estabilidad que el clima político está lejos de facilitarle

Tras los fuegos de artificio que han rodeado su formación, el nuevo Gobierno ha de afrontar la realidad. Una gestión en la que las sonrisas y la sombra del 'talante' que acuñó Zapatero no resolverán por sí solos los delicados retos a los que se enfrenta. Han bastado unas pocas horas en el poder para confirmar que Pedro Sánchez solo tiene seguro el apoyo de los 84 diputados del PSOE en un Congreso de 350. El frente del 'no' que derribó a Mariano Rajoy se ha desvanecido tan pronto como era de suponer. Los retóricos llamamientos al diálogo y la repetición de loables propósitos ensalzan la imagen del recién estrenado Ejecutivo. Pero, aparte de operaciones de marketing y estrategias de diseño, el Gobierno del PSOE necesita un programa de actuación sólido -todavía por descubrir- y mayorías suficientes para aprobar las reformas legales que proponga. El experimentado equipo del que se ha rodeado el presidente tendrá que exhibir sus capacidades en un contexto adverso que pondrá a prueba sus dotes políticas. La ineludible búsqueda de acuerdos por parte de los socialistas pondrá en el foco la actividad de un Parlamento que no reúne las mejores condiciones para propiciar entendimientos. Poco ayudan las elecciones locales de mayo de 2019, para las que todos los partidos han empezado a afilar sus armas. Y las heridas abiertas por la triunfante moción de censura. No solo en un PP aún enrabietado y del que cabe esperar una escasa disposición a facilitar la tarea de Sánchez. También en Ciudadanos, descolocado por sus clamorosos errores estratégicos y que ve alejarse unas generales anticipadas en las que se creía favorito. El líder socialista habrá de desplegar toda suerte de habilidades para aportar estabilidad al país e impedir que, tras la efectista formación de su Gobierno, se le vuelva en contra la falta de resultados palpables en la gestión. El presidente no puede fiar la suerte de su mandato a los inciertos apoyos de Podemos, que medirá hasta qué punto conviene a sus intereses electorales desgastar al Gobierno o ayudarle en sus reformas y cuyos votos, además, serían insuficientes para construir una mayoría. Sánchez necesita vencer desconfianzas y construir un amplio terreno para el entendimiento en el que se reconozca el cauce central de la sociedad española. Un reto extremadamente complicado. Si no lo consigue, quizás sepa maniobrar para resucitar al PSOE en las encuestas. Pero la legislatura será infructuosa por completo.

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