Ordenanza cívica: ¿pasado o presente?

Desde su aprobación en 2011, la Ordenanza Cívica ha sido un instrumento de control del espacio público que avanza un paso más en la privatización de las calles y en el recorte de los derechos de la ciudadanía

Desde hace unos años, cuando decidí dar un paso y levantarme del sofá de mi casa y salir a debatir con el resto de vecinos y vecinas de esta nuestra ciudad, Logroño, he visto cómo nuestras calles y nuestros barrios se iban transformando (o no), he podido comprobar la manipulación de las ideas y he constatado la desinformación interesada a través de la deformación, la sobreinformación y el silencio. Por todo ello, me animo a proponerles un sencillo juego de imaginación. Tan solo serán cinco minutos de su vida, para que lean y luego reflexionen hacia dónde nos llevan los actos que hacemos o las consecuencias que consentimos con nuestra inacción en muchas ocasiones.

Sitúense. Es un lunes cualquiera, de un mes cualquiera, de un año cualquiera. Entra en el bar de siempre y pide el café mañanero de todos los días mientras busca ávido el periódico del día para echarle un ojo. Lo abre por la página de la sección de Logroño y lee: «Este fin de semana ha transcurrido sin notables sucesos en nuestra capital. Solamente hay que destacar una serie de incidentes». En ese momento, comienza a leer la siguiente lista de hechos:

- Tres personas mayores fueron identificadas y denunciadas el sábado por la mañana por agentes cuando distribuían por la calle unos panfletos con consignas contra el Gobierno.

- Unos jóvenes fueron detenidos cuando celebraban el sábado por la noche una fiesta, ya que iban por la calle disfrazados, bebiendo y cantando.

- Siete personas con domicilio en Logroño fueron identificadas y denunciadas cuando ejercían la mendicidad en la calle Portales.

- El sábado por la noche se incautaron 200 carteles de un acto pseudo-cultural y minoritario ajeno a las instituciones oficiales. A su vez, fueron sancionadas y denunciadas dos señoras que estaban lavando los biberones de sus hijos en la fuente del Ayuntamiento.

- También se produjo la denuncia a un grupo de personas que estaban en El Espolón con instrumentos musicales tocando en plena calle.

- El domingo por la mañana se produjo la denuncia y posterior sanción a un vecino de esta ciudad por pasear desnudo por su casa, ya que fue visto por su vecina de enfrente por la ventana.

Ahora les pregunto: ¿en qué año estamos? Piensen y elijan ustedes entre estas dos opciones. Puede que se trate de la solución A, donde perfectamente puede ser el año 1970, ya que en ese año estaba en vigor la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social (la conocida Ley sobre Vagos y Maleantes) que estuvo en vigor hasta 1995, año en que se promulgó el actual Código Penal. Por otro lado, está la solución B, la cual nos sitúa en el año 2018 con la aprobación de la 'nueva' Ordenanza Cívica en el Ayuntamiento de Logroño. Como ven, el tiempo pasa, pero la situación no ha cambiado mucho.

La gravedad y lo absurdo de esos titulares podría darse perfectamente en la actualidad con una ordenanza que, por su vaguedad y arbitrariedad, deja en manos de la policía la discreción para decidir qué actitudes son denunciables y cuáles no, así como la cuantía de las sanciones al ser los agentes quienes determinan la gravedad de los actos. Nos encontramos también ante una ordenanza que sugiere una censura encubierta al mezclar actitudes y comportamientos rechazables (romper farolas o quemar contenedores), ya tipificados en otros códigos jurídicos y ordenanzas, con prohibiciones de pegar carteles, repartir octavillas o recoger firmas, en muchos casos igualando la gravedad y la sanción.

En definitiva, desde su aprobación en 2011 por parte del PP, el PSOE y el PR, la cual contó con el rechazo de una treintena de colectivos sociales agrupados en la plataforma Cívicos y Cívicas contra la Ordenanza, lo que ha supuesto la Ordenanza Cívica es un instrumento de control del espacio público que avanza un paso más en la privatización de las calles y en el recorte de los derechos de la ciudadanía. Prueba de ello es la reforma de la misma que se lleva mañana jueves al pleno municipal, donde parece que todo gira en torno a cosas como las despedidas de soltero, mientras se sigue pasando por alto en esta ordenanza se criminaliza y trata de ocultar la mendicidad, prohibiendo lo que para muchas personas es su único sustento.

Querida alcaldesa (de todos y todas, no de una parte), el civismo no se inculca prohibiendo y sancionando. Se enseña educando desde la infancia la solidaridad, el respeto, la ayuda y colaboración entre la gente. Prohibir no hará a esta ciudad más bonita o más feliz, sino que la hará más sometida, más silenciada y más gris. ¿Es eso lo que quiere usted?

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