Once años sobresalientes

No por conocida, la confirmación de la salida de Jota González del banquillo del BM Ciudad de Logroño al final de la temporada deja de provocar cierto desasosiego entre los aficionados riojanos al balonmano, y al deporte en general, por el significativo papel que el técnico pucelano ha jugado en los once años en los que se ha ocupado de la dirección del equipo logroñés. Seguramente hay consenso en considerar sobresaliente la trayectoria del entrenador que en junio del 2006 vinculaba su futuro al de un club joven que acababa de salvar la categoría casi en el último minuto de su primer año en Asobal. Desde su llegada, los padecimientos, cuando los hubo, pasaron a ser de bien distinto orden: el riojano llegó pronto a ser el equipo revelación y, en otro suspiro, a hacerse un hueco en la élite con vistas a Europa incluidas. Así se cuentan once años que poco antes nadie se habría atrevido siquiera a soñar; y también once años insuficientemente valorados. Es lo que tienen las mieles del éxito: el paladar se acostumbra y desprecia sabores que en otro momento le habrían parecido sublimes. Jota González se ha hecho acreedor de un espacio preferente en la historia del balonmano y del deporte riojanos. Y ambos tienen una deuda con él. Deja el banquillo para crecer y porque la etapa que le trajo a Logroño ha acabado. Y en septiembre empezará otra en la que el club ya está trabajando sabedor de que aunque la historia la escriben las grandes personas, ninguna persona ha sido imprescindible en la historia.

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