Las olas de calor y el cambio climático

«A día de hoy ya no se concibe sólo la mitigación como estrategia única frente al cambio climático, sino que se deben poner en marcha también estrategias de adaptación»

El cambio climático lo podemos definir como la variación global del clima en la tierra. Es cierto que a lo largo de la vida de la Tierra ha habido cambios climáticos en diferentes momentos debidos a causas naturales. Ahora, sin embargo, nos encontramos ante una situación en que ese cambio climático se debe a la acción del hombre y la velocidad a la que ocurren los sucesos es muy superior a las causas naturales.

El cambio climático se produce por un aumento excesivo de los llamados Gases con Efecto Invernadero (GEI) en la atmósfera. Estos gases, como son el dióxido de carbono, el óxido nitroso y el metano, en proporciones, vamos a decir, normales ejercen un efecto invernadero sobre la Tierra que es necesario para la vida en nuestro planeta. Cuando la radiación del sol llega a la Tierra, parte es absorbida por ella y otra parte se refleja a la atmósfera y se disipa. Cuando la concentración de estos gases en la atmósfera, como consecuencia de la actividad humana (industria, agricultura y combustión de combustibles fósiles), aumenta de manera significativa, todas las radiaciones que refleja la tierra quedan retenidas en esa capa de gases y la Tierra se calienta más de lo que debería.

Así, en el último siglo, las concentraciones de estos gases han aumentado en un 30% como consecuencia de la actividad humana. Un reciente informe publicado por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) señala a España como uno de los puntos críticos del cambio climático, con aumento de las temperaturas en verano, olas de calor y sequía a la vez que tormentas e inundaciones. Mora y colaboradores, en un estudio publicado en junio de 2017 en la prestigiosa revista Nature Climate Change, señalan como en el año 2003 se vivió una de las peores olas de calor desde que se tienen registros en Europa, con las consiguientes muertes asociadas a la misma. En el mismo informe se señala que en la actualidad un 30% de la población mundial se ve afectada por estas olas de calor que se asocian directamente a las emisiones del CO2 que tan significativamente influyen en el cambio climático. Pero este estudio va más allá y señala que si se siguen emitiendo gases al ritmo actual para el año 2100 las personas sometidas a estas olas mortales de calor alcanzarán el 74 % de la población.

En lo poco que llevamos de verano ya hemos padecido una de estas olas de calor en España, más palpable del centro hacia el sur peninsular y que sin duda ha tenido unas temperaturas y una duración más larga de lo habitual. Y ya hemos visto también en varios lugares esas tormentas que han llevado a inundaciones en diferentes localidades. Éste y otros estudios ya indican una de las estrategias a seguir para combatir el cambio climático: la mitigación, es decir, poner todos los medios posibles para frenar las emisiones a la atmósfera de estos GEI. Si tenemos en cuenta que de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, el 35% corresponden al sector energético, el 24% a la agricultura, el 18% a la industria, el 14% al transporte, el 6% a la edificación y el 3% a los residuos, nos damos cuenta que las medidas a tomar no están sólo en las industrias, sino también en las ciudades y en los focos de emisiones móviles (coches, aviones, barcos, etc.).

Las principales medidas de mitigación deben estar enfocadas por lo tanto a la mejora en la eficiencia energética, la sustitución de combustibles fósiles, al desarrollo de energías renovables, al desarrollo de un transporte sostenible, a reducir la deforestación, a promover una agricultura y una ganadería también baja en carbono. Todas estas medidas contribuyen a disminuir la emisión de GEI a la atmósfera. Sin embargo, a día de hoy ya no se concibe sólo la mitigación como estrategia única frente al cambio climático, sino que se deben poner en marcha también estrategias de adaptación. Otra estrategia sería lo que se conoce como resiliencia, o capacidad de identificar los riesgos asociados al cambio climático para adaptarse a ellos, para anticiparse y tomar medidas para evitar desastres y también saber enfrentarse a ellos e identificar oportunidades.

Las medidas de adaptación que se puedan tomar dependen del tipo de organización, de su actividad, de su localización... Pero en la mayoría de los casos el análisis de la vulnerabilidad de la empresa frente a los impactos, al análisis de los riesgos y su capacidad de adaptación, va a ser el factor determinante para decidir las estrategias a tomar. Por poner un ejemplo de estas medidas, el recurso hídrico es uno de los sistemas más afectados por el cambio climático. Los periodos de sequía disminuyen la disponibilidad de agua, esto afecta de lleno a la agricultura. Se deben, por tanto, tomar estrategias que mejoren la gestión del agua. Una medida sería la reutilización del agua de ciertos procesos para regadío. En el ámbito energético se debería mejorar la resistencia estructural de instalaciones solares o eólicas a tormentas y vientos o en el caso de centrales de interior, prevenir las inundaciones.

Estas actuaciones de mitigación y adaptación nos muestran que se están haciendo cosas a favor del medio ambiente. Todos podemos luchar contra el cambio climático, desde nuestras organizaciones, desde nuestras ciudades, desde nuestras casas.

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