OÍDO AL NÚMERO

MANUEL ALCÁNTARA

Los dos bloques son duros de pelar pero están corriendo que se las pelan. Las elecciones de ayer en Cataluña buscaban la normalización, pero es pronto para saber si la han encontrado. Es la tercera vez en cinco años que los empadronados deben escoger entre un Gobierno que continúe con la inestabilidad del proceso independentista o prefiere seguir en el llamado orden constitucional, aunque está muy desordenado. La decisión depende de los indecisos, que son un millón. Ellos dirán la última palabra, cuando los lenguaraces se callen. Los analistas políticos aseguran que ninguna fuerza cuenta con opciones para lograr la mayoría absoluta, pero no es posible declarar 'combate nulo', como se hace en el boxeo, cuando los jueces no saben quién ha pegado un golpe más o ha esquivado los del rival para llevarse uno menos.

El resultado, que no satisface a nadie, es que la inversión extranjera en Cataluña ha caído un 75% este año que está dando las últimas boqueadas, después de dejarnos con la boca abierta a nosotros. El sueño de la mayoría absoluta, sea de quien sea, ha sido abandonado en la campaña más áspera de las últimas épocas. Los constitucionalistas encomiendan la victoria a que vote más del 82% de todos los que tienen la papeleta en su mano y no saben aún que hacer con ella. Las responsabilidades colectivas se diluyen, ya que siempre pensamos que la culpa es de los otros, pero lo cierto es que Madrid ha superado el PIB catalán y atrae más capital exterior, aunque el Barça vaya el primero en la Liga. Tendrá que conformarse el gran club catalán con ser el segundo en el torneo económico, aunque «con el número dos nace la pena» y a nadie le gusta acompañarla. Todo depende del número, que para eso estamos en democracia, que es el mejor de los sistemas conocidos. Hasta la fecha.

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