NOS ODIAMOS

CAUTIVO Y DESARMADO - PABLO ÁLVAREZ

Nos estamos convirtiendo en un país que odia. O eso es lo que veo, y de verdad que me gustaría ver otra cosa. No sé la razón, pero a mi alrededor cada vez percibo a más gente a quien le cae mal otra gente. No digo lo normal, que a usted le caiga gorda la vecina o el compañero ése de curro que va de cuñao por la vida. No, me refiero al odio en grupo, en conjunto, en bloque. Al odio al otro porque ese otro pertenece a un conjunto de personas en el que uno no se siente incluido. Y ése es mal camino para todo el mundo, pero peor para España, tan dada a acabar en desastre entre vecinos.

No es nuevo en el caso catalán. Pero sí es un tanto penoso, porque es un odio que debería haberse evitado. La impresión que nos queda es que durante demasiado tiempo ha habido gente interesada en que nos odiáramos. Les venía bien, por una cosa o por otra, a menudo por interés político. Y ahora, ay, oigo a demasiada gente odiar a los catalanes, leo a muchos catalanes odiar a los españoles.

Oigo también a mucha gente odiarse a cuenta de los animales. De los toros, casi siempre, pero no sólo. Es paradójico, este odio: gente que no se conoce se insulta por el amor o desamor a otra especie.

El odio en grupo es siempre mentira, habría que recordar. Lo obvio es a veces lo más difícil de ver. Uno no sabe cómo son TODOS los catalanes, lo mismo que no sabe cómo son TODOS los antitaurinos. Cada uno es de su padre y de su madre, y aunque hacer un grupo y adjudicarle cualidades únicas nos sea cómodo, no dice nada bueno de nosotros mismos. Y no nos lleva a ningún buen sitio.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos