NÚMEROS CANTAN

MANUEL ALCÁNTARA

Habría que conocerlos a todos para decir que España es un país raro. Es cierto que ocurren cosas anómalas, pero la normalidad se mide por criterios de frecuencia y solo los que están curados de espanto no temen recaer en la misma dolencia. Un poco raros sí que somos. Mientras el Rey resaltaba el compromiso «firme y sincero» con Cataluña y exaltaba sus valores, en su opinión, «base del progreso de España», el grupo de ERC presentaba una moción para declarar a Felipe VI 'persona non grata'. En la variedad también está el disgusto, y a muchos catalanes no les ha gustado que dijera, en el anivesario de las primeras elecciones democráticas, que «fuera de la ley solo hay arbitrariedad, imposición, inseguridad y, en último extremo, negación de la libertad». Total, que cuatro municipios catalanes no quieren verle por allí y algunos han pedido que la Fundación Princesa de Girona cambie de nombre.

Estos enredos nos distraen del tema fundamental, que es el sueldo medio de todos los españoles, que sólo ha tenido un birrioso incrmento del 1,1%. España es diferente a ella misma, aunque el sueldo más normal ronde el mileurismo, porque un ciudadano del País Vasco y otro de Extremadura no tienen mucho en común a la hora de sacarse la cartera. La diferencia salarial, que se nota hasta en la manera de andar, es de 8.000 euros, y eso se advierte aunque estén sentados. El «tanto tienes, tanto vales», que es la más ruin de las maneras de confundir el valor con el precio, sigue siendo vigente, mientras Rajoy, desde Polonia, pide responsabilidad. No se puede bajar el IRPF a todos, hagan lo que hagan del uso de su bragueta. El ministro de Hacienda necesita los 2.100 millones de rebaja fiscal que exige Ciudadanos para cubrir otros costes y Rivera dice que no hay excusa para no reducir impuestos. Llevan razón los dos.

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