Un nuevo escenario contra la violencia de género

CUCA GAMARRA ALCALDESA DE LOGROÑO

El poeta y dramaturgo alemán Johan Wolfgang Goethe pronunció en una ocasión una frase que bien podríamos aplicar al Pacto de Estado contra la violencia de género: «No preguntemos si estamos plenamente de acuerdo, sino tan solo si marchamos por el mismo camino».

Hay varias cuestiones que confluyen positivamente en el Acuerdo alcanzado esta semana contra la violencia de género y que nos abren un camino de esperanza para terminar con esta lacra social.

El primero, y por encima de cualquier otro, es que este acuerdo está hecho con firmeza y compromiso pero -sobre todo- con el cariño y respeto que merecen todas las víctimas y sus familias frente al agresor.

Prueba de ello es que existe unanimidad entre todas las fuerzas políticas que conforman el Parlamento en las doscientas medidas incorporadas al acuerdo. Se recogen diferentes sensibilidades, opiniones y directrices que no dejan a nadie fuera de este nuevo escenario que se abre en la lucha de todos contra el maltrato.

Habrán surgido diferencias, interpretaciones variadas que se han dejado atrás por la necesidad de responder a las necesidades de las víctimas. Ellas son la prioridad. Pero lo que realmente ha cogido fuerza es la necesidad de juntarnos y marchar, como decía Goethe, por el mismo camino. Lo realmente importante es que las víctimas sientan nuestro apoyo, nuestro afecto y que realmente perciban que estamos con ellas, porque no están solas.

Todos batallábamos por el mismo objetivo. La gran diferencia es que a partir de ahora emprendemos la batalla bajo las mismas directrices, con las mismas herramientas y manteniendo ese mismo objetivo.

En definitiva, se han sentado las bases de cómo debe ser la contienda a través de nuevos campos de acción, de incidir en la prevención y la educación y de implicar a todas las administraciones públicas.

Pero más allá del carácter histórico del Acuerdo, más allá de las medidas incorporadas en el mismo, y mucho más allá de la unión de posturas y sensibilidades, el Pacto de Estado contra la violencia de género constituye una solución para las víctimas.

Constituye una solución porque, además de todo lo anterior, existe una voluntad sincera, un convencimiento latente, y un compromiso real para que la violencia de género quede totalmente relegada a un plano inexistente.

Pero mientras materializamos ese gran objetivo común, debemos tener muy presentes a las víctimas. Este año ya son 32 las mujeres y seis los menores muertos a causa de la violencia machista y otros 16 niños han quedado huérfanos.

Jamás la víctima debe sentirse sola ni desamparada, ni social ni judicialmente. En este sentido también avanza el Acuerdo en aras de brindar una mayor protección a la víctima. Ésta ya no tendrá que presentar denuncia para acceder a ayudas sociales o recibir acompañamiento. Será suficiente con la acreditación oficial de los servicios sociales o de los centros de atención primaria, eliminando así una de las principales trabas, el miedo a denunciar.

Cobra así especial importancia el papel que deben jugar en este sentido los centros de atención primaria sanitaria y de urgencias para que los médicos contribuyan a detectar a posibles víctimas durante la aparición de los primeros síntomas de maltrato.

La prevención y la educación son otros de los grandes pilares del Pacto de Estado contra la violencia de género.

En esta línea se establece la introducción de asignaturas, en todos los niveles educativos, que incentiven la igualdad entre hombres y mujeres y contra la violencia machista, y que se hará extensible también a los procesos de formación para acceder tanto a los cuerpos del Estado como a profesiones sanitarias.

No es el objetivo de estas líneas detallar cada una de las medidas incorporadas al texto pero sí de avalar y apoyar un Pacto que cuenta también con las comunidades autónomas y con los ayuntamientos.

Las entidades locales llevamos ya mucho tiempo en la primera línea de fuego en la batalla contra la violencia de género y vamos a seguir adoptando un rol protagonista. El Acuerdo establece una modificación de la Ley de Régimen Local que nos abre un amplio abanico de competencias a los ayuntamientos en esta materia.

Y se recoge también la creación de unidades de apoyo local para prestar un servicio de ayuda y protección permanente a las víctimas. Medidas que fueron planteadas y defendidas por la Comisión de Igualdad de la FEMP y que vienen a sumarse a las ya establecidas en diferentes ayuntamientos.

En el caso de Logroño, hace ya tiempo que expresamos nuestro firme compromiso de luchar contra la máxima expresión de desigualdad existente entre hombres y mujeres. Uno de nuestros grandes objetivos en este sentido ha sido la ambiciosa tarea de implicar y sensibilizar a la sociedad contra la violencia de género.

A tal efecto nos manifestamos mes a mes; hemos desarrollado diferentes guías y campañas que inciden directamente en este aspecto; y puesto en marcha de servicios específicos de protección, acompañamiento y asesoramiento a la víctima y a los miembros de su familia.

Sin duda, el Pacto de Estado alcanzado por los grupos parlamentarios nos dará alas a todos para contribuir de una forma más activa en la batalla contra esta lacra social, siempre y cuando, como decía Goethe, sigamos caminando juntos con las víctimas.

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