NOMBRAR LA SOGA

MANUEL ALCÁNTARA

La ministra de Defensa nos ha recordado a todos, incluso a los que no podemos olvidar tiempos peores, que la misión del Ejército es garantizar «por tierra, mar y aire» la soberanía y la integridad de España. Al mismo tiempo, Puigdemont y de todos los demonios familiares presentaba la ley que deroga el Estado en Cataluña. Si ganara el 'sí' España se nos quedaría más chica, pero los números mandan y cada región los obedece. No se exige una participación mínima para que el resultado sea válido y nuestra nación valga menos. No sabemos si a la ministra de Defensa le quedan fuerzas para atacar, pero hay que defenderse y Sáenz de Santamaría advierte de que puede parar la ley en 24 horas. Para aumentar la intriga, no precisa ni el día ni el año. Lo único que sabe es que hay que frenar el desguace. Los que todavía quieren reconstruir tienen que trabajar con materiales de derribo. «Tántalo en fugitivas fuentes de piedra». El Tribunal Constitucional avala el derecho de la Generalitat a que se rotule en catalán en los comercios, porque la pela es la pela, pero rechaza que los comerciantes tengan la obligación de atender en catalán a los clientes que así lo deseen. El lío es mayúsculo, pero aún puede ser más grande. Si ganara el 'sí', la independencia, o sea el separatismo, se proclamaría dos días después.

Sin duda, Mariano Rajoy sabe muchas cosas que nosotros ignoramos, pero no sabe a qué atenerse. Los que quieren saber hasta cuánto resiste el peine arqueándolo tienen que aguantar hasta que se rompe. A los españoles normales, llamando normalidad a la frecuencia, no nos ha gustado que Sáenz de Santamaría diga que puede parar la ilegal ley catalana en 24 horas. ¿Con qué amenaza? Llevar los tanques a Las Ramblas, donde hay libros y flores, no puede ser la solución. Eso desemboca en un conflicto mayor. Y más largo.

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