NOCHE SIN MAÑANA

MANUEL ALCÁNTARA

Nos queremos separar de nosotros mismos y eso es tan difícil como esquivar a nuestra sombra. Los triunfos históricos, como el de Arrimadas, no bastan para desplazar al independentismo, porque la Historia está por escribir y los amanuenses andan un poco despistados. El PP ha resultado barrido y no hay quien recoja sus restos mortales, que algunos creían que eran inmortales. Puigdemont, que estaba tan contento en Bruselas, siguiendo el escrutinio desde lejos, se ha impuesto a Junqueras. El partido del expresidente, fugado en Bélgica, ha superado al de Esquerra Republicana y los números cantan. Aunque nos tapemos los oídos debemos oírlos y oír no es lo mismo que escuchar. La mayoría separatista ha ganado en las urnas catalanas. Eso es todo, pero no finaliza nada. Lo bueno, lo malo y lo peor están por venir. Solos o en compañía de otros.

Debemos estar preparados todos, porque el porvenir es un por llegar. Al Tiempo cuando se escribe con mayúscula, jamás se le hace tarde, pero la verdad es que los catalanes, vistos en su desigual conjunto, se están poniendo pesadísimos. No encuentran la posible felicidad, sino que están impidiendo la nuestra. El hundimiento limita las ya escasas posibilidades de Rajoy, que está haciendo más de lo que puede hacer. ¿A dónde va a ir España acarreando la joroba catalana a sus cargadas espaldas? Los que creemos que nos salvamos todos juntos o nos hundimos a la vez, desconfiamos de ellos, pero también de nosotros. La victoria de Ciudadanos no impide la mayoría separatista, pero nos hace olvidar que todo el que quiera separarse, tarde o más tarde se separa, porque luego es nunca. Esa es la patria que nos ha tocado. La queremos porque es la nuestra. Una razón suficiente.

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