NO ES COSA DE NIÑOS

MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ - EL TRAGALUZ

El acoso escolar no es cosa de críos. Cuando un menor sufre el hostigamiento de un grupo en su clase, el asunto sobrepasa los límites de ese pequeño círculo, incluso de la clase, y es una cuestión en la que debe intervenir la dirección del centro para poner coto a la situación adoptando soluciones, aun drásticas, que sirvan de lecciones ejemplarizantes para otros alumnos que puedan estar tentados de ejercer de peligrosos matones con sus compañeros más débiles.

Todos hemos conocido algún caso y la historia siempre es igual: el pequeño, que hasta ese momento era uno más de la pandilla, de la noche a la mañana se encuentra viviendo un auténtico infierno, siendo diana de las burlas y sometido a un aislamiento feroz. Los niños, en su versión más retorcida, pueden ser unos seres endemoniados. Lo que han venido a empeorar las redes sociales, ya que la 'cacería' dura 24 horas. Muchos padres ponen teléfonos móviles en manos de sus hijos y se olvidan de establecer unos controles. Los mismos papás y mamás que miran para otro lado cuando se les llama la atención sobre las conductas de sus pequeños sátrapas e, incluso, niegan las evidencias porque «mi nene es un ángel; mira qué carita». Al final, los mejores, los dúctiles, los buenos, abandonan hastiados el colegio y los dictadores se hacen fuertes tras haber capoteado a su familias, a sus profesores y a la máxima autoridad de su escuela.

No, el acoso escolar no es una broma, ni un juego. Es un problema muy grave y serio por su crueldad. En combatirlo está la diferencia entre alimentar monstruos o forjar jóvenes formados en el respeto y la tolerancia.

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