Ni una más

La polémica sentencia a 'La Manada' hace aconsejable revisar los delitos sexuales en el Código Penal para evitar equívocos

El clima de generalizada indignación que ha desatado la condena contra 'La Manada' demuestra un mar de fondo de profundo hartazgo social. Hasta qué punto las mujeres han dado un paso al frente para rebelarse contra las injusticias y no están dispuestas a pasar por alto ni una más. Y una sensibilidad a flor de piel que estalló el 8-M y que vuelve a tomar las calles en cuanto se atisba una nueva ofensa, otra humillación, otra indignidad. Como tal ha recibido una buena parte de la sociedad el fallo que no aprecia violación en el ataque sexual en grupo que sufrió una joven de 18 años durante los Sanfermines de 2016. Cinco varones de fuerte complexión y edad muy superior la empujaron al interior de un portal, la rodearon dentro de un estrecho cubículo y mantuvieron sexo sin su consentimiento, mientras la muchacha sufría «un intenso agobio y desasosiego». Todo ello, en una «atmósfera coactiva», según la sentencia. La Sala considera que el delito cometido fue el de abuso, y no el de agresión sexual (violación), cuyas penas son muy superiores. El vigente Código Penal establece unos difusos límites entre ambos, que quedan sujetos a criterios interpretativos. Para que se produzca el segundo debe existir el uso de una violencia o intimidación capaz de doblegar la voluntad de la víctima. Causa perplejidad que la Audiencia de Navarra no haya percibido ni una ni otra en los abominables hechos que considera probados. Aunque el polémico fallo será analizado por el Tribunal Superior y, en su caso, por el Supremo, parece razonable revisar la actual tipificación de los delitos sexuales en el Código Penal para evitar equívocos. El clamor contra el fallo ha llegado hasta el Gobierno, que ha dado un primer paso en ese sentido en una muestra implícita de disconformidad con la resolución. El ataque de 'La Manada' causó en su día una comprensible alarma social, que la sentencia ha transformado en profundo estupor. ¿Es posible forzar a una mujer a practicar relaciones sexuales sin su aquiescencia y, a la vez, sin ejercer sobre ella algún tipo de violencia física o psicológica? ¿Cuánto se tiene que resistir una mujer para no ser violada, para que sus atacantes sean condenados por ese delito y no queden impunes o reciban una pena menor? La reacción popular refleja bien a las claras cómo, afortunadamente, la sociedad española ha elevado su nivel de intolerancia hacia los delitos contra la libertad sexual. Es una buena muestra de salud democrática. La misma que la lleva a indignarse con el juez que solo vio en el repugnante machismo de 'La Manada' un «ambiente de jolgorio y regocijo».

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