Una nevadita y se va la luz

ALONSO CHÁVARRI

Estábamos tan contentos porque Melchor, Gaspar y Baltasar nos regalaban una buena nevada, cuando en esa noche de Reyes se fue la luz. En el pueblo no nos parecía mal habernos quedado incomunicados por carretera por unas horas -supongo que a quienes decidieron ir a Logroño esa tarde de Reyes y se pasaron varias horas atrapados en la autovía del Camino no les parecería tan bien- porque el agua que traía la nieve iba a solucionar unos cuantos problemas que algunas malas cabezas no habían sabido arreglar en lo referente al fallido abastecimiento de agua en los valles del Oja y Tirón. Con lo que no contábamos es que con esa nevada decente se fuese la luz; y decir que se ha ido la luz es decir que estamos sin iluminación, sin calefacción, sin poder cocinar, etc., o sea que estamos sin nada. En Euskadi han tenido suerte porque el apagón les ha durado menos, pero aquí, en mi pueblo de La Rioja, ya van más de veinte horas sin luz y esto no tiene visos de arreglarse. Me encuentro, mientras escribo esta columna, en una habitación a once grados de temperatura, con gorro y tabardo y viendo los campos nevados, que, en estas circunstancias, ya no me parecen tan bonitos.

Cuando era niño, era normal que se fuese la luz -se iba casi todos los días- pero sus efectos no eran importantes, pues calefacción no tenía nadie, nos calentábamos con la cocina económica y con el brasero de cisco que inundaba de tufo la escalera, al prenderse, en días estancos y de niebla; se cocinaba con leña y no había televisión que ver. Ahora, sin embargo, los efectos son demoledores: frío en casa, comida de circunstancias, sin electrodomésticos, estropeándose todo lo del congelador, etc. Y el recibo de la luz sube que te sube, como si dieran un servicio impecable. No sé si contarán algo del porqué del apagón, porque como no puedo ver la televisión no me puedo enterar, pero sí he sabido, porque lo dicen ellos, que están muchos pueblos riojanos con el mismo problema y que no dan abasto a arreglar las averías. O sea, que cae una nevadita y se vienen abajo las infraestructuras eléctricas; sí, las de esas compañías que suben y suben el recibo de la energía como si dieran un servicio maravilloso. Así que a ver si se soluciona en unas horas, o al menos de despeja la carretera y puedo ir a dormir a Logroño, porque con diez grados y bajando el termómetro me parece que no se me va a curar el catarro.

Eso sí, que los políticos no aprieten mucho a las compañías eléctricas y les dejen seguir subiendo el precio de la energía lo que quieran, aunque se les rompan los postes y nos dejen sin luz cada vez que caigan cuatro copos, que ya saben que es costumbre de muy altos cargos acabar cobrando sueldo en este tipo de empresas. Lo de las puertas giratorias. Y hay que hacer méritos. Lo primero es lo primero y a los demás, que nos den. Por cierto, ¿cobraré lo que se me ha estropeado en el congelador?

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