¿Es necesario hoy estudiar literatura?

«Ya los antiguos se habían dado cuenta de que la educación tiene que formar al hombre en su totalidad, y que las letras y el estudio sirven para plasmar la mente y ofrecer los instrumentos necesarios para el desarrollo de un pensamiento libre y creativo»

Nuestros estudiantes ven cada día reducirse las horas de enseñanza que se dedican a las llamadas humanísticas, mientras la educación se especializa cada vez más en todo lo nuevo, lo actual y lo que, aparentemente, tiene una rentabilidad práctica e inmediata. Algunos piensan que la ciencia, la economía, las nuevas tecnologías permitirán a nuestros jóvenes abrirse una vía en el campo laboral más fácilmente y donde ganar dinero rápido -y puede que hasta sea verdad- y que dedicarse a las «letras» de alguna forma es perder el tiempo. De modo que las Humanidades no pasan por su mejor momento: no son percibidas socialmente como algo fundamental en la formación humana sino como algo meramente complementario.

Ojalá que esto que estamos escribiendo fuera mentira, pero es obvio que la literatura, la filosofía, la pintura, la música -entre otras-, son consideradas por muchos como algo que no tiene cabida en un mundo dominado por los intereses inmediatos, como simples entretenimientos relacionados con el ocio. Nada más falso.

No obstante, ya los antiguos se habían dado cuenta de que la educación tiene que formar al hombre en su totalidad, y que las letras y el estudio sirven para plasmar la mente y ofrecer los instrumentos necesarios para el desarrollo de un pensamiento libre y creativo, lo que significa ante todo conocer el pasado, innovar en el presente y buscar nuevos caminos para el futuro.

En esta breve nota queremos reivindicar la importancia del estudio de la literatura, en general, y de las primeras producciones en lengua castellana, en particular. Esto es lo que se persigue a través de varias iniciativas académicas y culturales impulsadas en los últimos años por la Universidad de La Rioja en colaboración con el instituto Cilengua de la Fundación San Millán de la Cogolla. Entre estas iniciativas cabe recordar los Cursos de alta especialización filológica: e La melancolía', así como la celebración del Congreso Internacional que empezó ayer y concluye mañana, 27 de octubre, en el que participan reconocidos especialistas de todo el mundo, pero también jóvenes investigadores que aportan nueva savia a los estudios berceanos.

La Rioja se conoce en todo el mundo como la cuna de la lengua española y tiene en Gonzalo de Berceo un portavoz privilegiado. No es casualidad que el mismo Antonio Machado dedique uno de sus poemas al poeta «riojano» y lo defina como «El primero»:

El primero es Gonzalo de Berceo llamado,/ Gonzalo de Berceo, poeta y peregrino,/ que yendo en romería acaeció en un prado,/ y a quien los sabios pintan copiando un pergamino. (vv. 1-4)

La colaboración entre Cilengua, referente internacional de la investigación sobre la lengua y la literatura medieval y renacentista, y la Universidad de La Rioja retoma con nuevas energías el camino de los estudios y encuentros en torno a la figura de Gonzalo de Berceo. Que ambas instituciones se hayan encontrado con motivo de la figura de Berceo no debe sorprender, por cuanto el primer poeta en castellano se empleó en la vida de los santos locales (san Millán, santo Domingo, santa Oria), pero también en la tradición europea de los milagros de la Virgen, mediante el ejercicio de la traducción («copiando historias viejas, nos dice su dictado,/ mientras le sale afuera la luz del corazón», Machado, vv. 15-16).

La celebración de un congreso sobre Berceo promovido por el Departamento de Filologías Hispánica y Clásicas, pues, retoma una vieja tradición de congresos científicos, celebrados en nuestra tierra, sobre la literatura del mester de clerecía.

No hay mejor modo de ofrecer nuevas perspectivas a unos estudiantes que vuelan de aula en aula y de hora en hora en busca de sus enseñanzas, que la de dedicar una reunión de grandes especialistas en la literatura medieval, que servirá sin duda no solo para aprender y actualizar nuestros conocimientos sobre la obra de Berceo, sino también para abrir nuevos horizontes en el estudio de la Edad Media.

Cuando subimos a San Millán de la Cogolla no se nos plantea la dificultad de nuestra ruta, sino la belleza del paisaje y la satisfacción de reencontrarnos con nuestros textos de los orígenes o primitivos, con la pureza de una lengua, con la sencillez de las ideas y la hermosura de la poesía. Adentrarnos en las estrofas de Berceo es una buena manera de conjurar el empobrecimiento de nuestra tradición cultural y la renuncia voluntaria u obligada a un placer que difícilmente se puede encontrar en otros lugares.

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