Navidad, hoy

El sentido ideal de reunión familiar va dejando paso a distinguir entre estar solo y sentirse solo

SYLVIA SASTRE

Las fiestas navideñas son fechas tradicionalmente entrañables repletas de rituales de reunión con familiares y amigos, sumergidos en una magia que hace soñar a mayores y pequeños. Pero la Navidad cambia a tenor del tiempo que transcurre. Actualmente hay quien pretende deslindar su sentido religioso del mundano, otros se manifiestan discordantes con la pretendida unión con los seres queridos que la caracteriza, el boato consumista que la acompaña, o la repetida bacanal de comer y ofrecer al otro, creando una nueva categoría de ciudadanos denominada 'natalófobos' (por ejemplo, el 45% de franceses describían la Navidad como un maratón agotador). Sin llegar a ello, y preservando su esencia, nuevos aires van modulándola.

Hoy, el sentido ideal de reunión familiar va dejando paso, a tenor de las nuevas formas de familia y el aumento de los a distinguir entre estar solo y sentirse solo, alejando la nostalgia de que si no se consigue un nicho a compartir en estas fiestas se sea infeliz; al contrario, algunos delimitan la temporalidad del 'estar juntos' promoviendo el bienestar de celebrarlas consigo mismos, evitando compañías circunstanciales, reencuentros llenos de carga emocional no siempre positiva, encuentros en los que, a veces, se repasa el éxito profesional, social o escolar de los reunidos, o la vivencia de la ausencia irremediable de personas queridas.

Por otra parte, el rito de ofrecer necesariamente regalos ha dado lugar al 'regifting' o incluso al alquiler de los recibidos. En España, fuentes acreditadas lo muestran como un fenómeno en alza en el que, en 2017 el 31% de españoles vendieron los regalos navideños que no les gustaban o consideraban superfluos a través de apps como Wallapop o eBay; en otros países europeos como Francia, el fenómeno es similar con cifras aún más altas (hasta un 40% en 2017). Es la absurdidad disfrazada de oportunismo: en lugar de preservar un regalo innecesario que supuestamente representa una muestra de afecto positivo, se cambia como mercancía de trueque material.

Otro modulador que amplía la celebración navideña es que Europa y el mundo se acercan. Los Erasmus, los intercambios o el trabajo en distintas sedes mundiales hacen que la Navidad hogareña de antaño se internacionalice acercándonos a otros ritos que nos hacen conscientes de la complejidad europea y, no digamos, mundial, mostrándonos que lo que nos definía ya no define a todos y abriéndonos a otras costumbres que nos transforman ante la magia de las fechas navideñas, con sus luces y sus sombras, desde Australia, Noruega, o desde nuestro país.

Que disfruten de las fiestas, tal como las entiendan.

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