A la navarra

JOSÉ ANTONIO DEL RÍO

Leo con cierta atención y no menos envidia la noticia sobre la constitución de la plataforma 'Futuro de Navarra', impulsada desde el eclecticismo social en la comunidad vecina para defender, según explica el texto periodístico, «obras estratégicas y básicas» como el Tren de Alta Velocidad y el Canal de Navarra «frente a algunos «nubarrones» que detectan».

Abanderan el proyecto un expresidente de la patronal de la vecina comunidad, un exsecretario general de UGT, el presidente de la Cámara de Comercio, un reconocido empresario y el decano del Colegio de Ingenieros de la tierra, todos ellos con rango jerárquico en la nueva organización. Y en la foto, empujando la misma vagoneta, un expresidente del gobierno foral, los presidentes de UPN y del PP y el secretario de organización del PSN. Un mix variadito que «no está con nadie ni contra nadie», advierte su presidente, donde cada cual se representa a sí mismo y donde lo que une no son costuras partidistas ni machihembrados ideológicos sino «Navarra, su futuro y el de sus hijos», que como lema me retumba entre épico y demagógico pero que compro con la consciencia de que ambos ingredientes, épica y demagogia, son necesarios en su justa medida en semejante empeño como la sal y el azúcar lo son en adecuada proporción para sacar adelante un bizcocho.

Inevitablemente, la ósmosis es lo que tiene, me quedo con la reivindicación del Tren de Alta Velocidad y donde dice Canal de Navarra pongo, qué sé yo, el desdoblamiento de la N-232. O la liberación de la AP-68 (la autopista que, andaría ya libre de peajes y de viatés desde hace más de un lustro (2011) de no haber terciado en el 2000 aquel cambalache que bendijo a la concesionaria con 15 años de tiempo añadido en el negocio a cambio de ¡una rebajita en los precios! para mayor gloria de san Josemaría Aznar y el ministro Arias Salgado, don Rafael, el mismo que se alquiló una retroexcavadora para hacerse una del inicio del soterramiento más falsa que un billete de 62 euros). O ya puestos, algún otro agravio más de los que aquí andamos tan sobrados como faltos de conciencia comunitaria para liarnos la manta a la navarra y ponernos a reivindicar nosotros mismos lo que los políticos de urna, salario o dieta mensual se muestran tozudamente incapaces de defender, de reclamar, de conseguir...

La reciente visita del inabordable Íñigo de la Serna a Logroño ha sembrado razones suficientes para montar una plataforma a este lado del Ebro. O dos. Los empresarios se dicen decepcionados. La oposición se dice decepcionada. El Gobierno no se entera. O hace como que no se quiere enterar del zasca en todo el morrillo que le endilgó el ministro. Y va y dice ayer mirando de soslayo que «no renuncia a nada», como si no hubiera sido una renuncia en regla el vasallaje del miércoles al señor ministro todos en posición de firmes; como si no hubiera una renuncia implícitamente explícita en el silencio que siguió al sorprendente anuncio del ramal Miranda-Logroño que nadie ha pedido y del que jamás nadie había hablando siquiera como remota posibilidad. Y los riojanos... los riojanos, mayoritariamente somos muy partidarios del oír, ver y callar amansados como parecemos de tantos años de mayorías absolut(ist)as; tan como somos de que otros nos arreglen la gotera; tan, si es caso, de amagar y no dar; tan de consentir; tan, en fin, de tragar así nos las den todas como nos las vienen dando.

Leo con envidia lo de la plataforma 'Futuro de Navarra', me entra un no sé qué y me pongo en trance a imaginar que un día, quién sabe, acaso, quizás, tal vez... ¡Qué insania!

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