LA MÚSICA EN DIRECTO

SANDA SAINZ - REFLEXIONES

La música ha cambiado muchísimo en los últimos años, no tanto los sonidos sino la forma de distribuir las canciones, la promoción y el consumo. Ha sido una de las grandes afectadas positiva o negativamente de la era digital, de la comunicación online. A unos les favorece la situación porque han logrado encontrar el modo de llegar a más gente sin necesidad del apoyo de grandes compañías discográficas. A otros les ha ido peor porque muchos grupos emergentes se pierden en el mar de información musical, en los miles de propuestas que ya no son locales sino universales. Sólo con un clic están al alcance de todos.

Dentro de esta maraña de las redes sociales, de las plataformas de difusión, compra y venta de canciones, vídeos de promoción, páginas webs, nuevos medios de grabación con la última tecnología, incluso caseros con una calidad inimaginable hace varias décadas, destacaría la supervivencia de la música en vivo. En lo referente a la base, gracias al empeño y constancia de los artistas, así como a las salas y promotores.

Es el medio más directo y visceral, la relación más intensa entre intérprete y público. Engancha y supone una de las mejores formas de comunicar un mensaje y desahogarse (músicos y asistentes).

Toda mi vida he disfrutado y a veces sufrido, pero me quedo con lo primero, desde abajo, como espectador. Grandes festivales, salas pequeñas a rebosar, otras con apenas público, sonidos espectaculares, en ocasiones una bola inaudible. De todo hay pero siempre es algo distinto, por la propuesta, por el día, el lugar o, simplemente, por el estado de ánimo.

Estos meses en Calahorra los estudiantes del conservatorio llevan a cabo diversas audiciones y conciertos. La formación académica debe complementarse con la interpretación en directo para que sea efectiva. Uno no aprende del todo a conducir en la autoescuela, lo hace en el día a día, con el paso del tiempo y salvando las situaciones que surgen. Lo mismo ocurre al tocar un instrumento o cantar. Se requiere más experiencia en directo, más horas de prácticas y qué mejor que ante un público.

En los últimos años, además de seguir vinculado a los conciertos como espectador, también he podido sentir el nerviosismo y emoción sobre el escenario como alumno de la Escuela de Música de Calahorra. Aparte de las clases individuales, el centro cuenta con diferentes combos de estilos tan variados como el pop, boleros, rock o heavy metal, con personas de todas las edades. Durante el curso organiza conciertos en locales de la ciudad en los que se aprecia la evolución de cada grupo. El viernes se celebró uno en el Viñas.

Esto supone un aliciente para los alumnos y una buena forma de completar su formación, pero al mismo tiempo crea una base para futuras bandas y ofrece un tipo de ocio sobre el que en otros países nos llevan muchos años de ventaja.

El directo por el directo, como expresión cultural, sin importar estilos, en espacios públicos o privados que crea un circuito. La gente se divierte y los artistas dan salida a su creatividad. Eso sí, la iniciativa organizadora y el apoyo del público deben ir de la mano.

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