Se multiplican los problemas

Las costuras del traje estallan por todos lados. Al Gobierno se le abren muchos frentes a la vez

MARGARITA SÁENZ-DIEZ

Cuando las costuras estallan es que el traje quedó pequeño. Los jubilados ya no aguantan la miseria de sus pensiones. La brecha salarial entre hombres y mujeres clama al cielo y la violencia de género no cesa. Los jóvenes radicales en Cataluña se multiplican porque no tienen ni futuro, ni piso que los resguarde, y el retroceso en la libertad de expresión no es gratuito; viene de lejos.

La huelga de mujeres del día 8 de marzo, que defenderá la igualdad real, dará las medidas del nuevo traje que se exige. El de ahora aprieta hasta el ahogo. Que el partido que gobierna la haya calificado de «huelga elitista e insolidaria» antes de que el rojo se le subiera a las mejillas, demuestra la profundidad de una brecha que aumenta. Porque no se trata de enfrentar a hombres y mujeres sino de sumar esfuerzos, pero todos en las mismas condiciones.

Los excesos verbales de algunos artistas, severamente tratados por la justicia con el apoyo inapreciable de la 'ley mordaza' nacida para intentar frenar aquellas masivas protestas contra la crisis, dibujan al rey Felipe VI como si fuera el gran símbolo represivo, cuando son otros los que luchan a fondo contra la libertad de expresión.

La verdad es que el Gobierno no se lo pone fácil al Monarca. Primero fue el poco acertado discurso después del 1 de octubre, en el que al heredero de Juan Carlos se le fue la mano, olvidando a un gran número de ciudadanos catalanes en su afán por reprender a los independentistas. Su prevista participación hoy en la gala del Mobile World Congress de Barcelona parecía un buen momento para que Felipe VI se dejara ver otra vez por la ciudad condal después de muchos esfuerzos conciliadores, pero lo cierto es que su presencia se augura tormentosa dadas las protestas que han convocado los Comités de Defensa de la República.

El actual sistema público de pensiones, modificado en 2013 por el Gobierno, se ha convertido en punta de lanza de los jubilados que no llegan a fin de mes, cuando muchos se han convertido de la noche a la mañana en único proveedor del colectivo familiar. Con el agravante de que el 0,25% de revalorización de las pensiones para este año, anunciado a bombo y platillo a modo de tomadura de pelo, no compensa el aumento de los precios. Y, mientras, está en puertas la llegada del denominado «factor de sostenibilidad» que, en 2019, puede dar definitiva carta de naturaleza a la dinámica de pensiones menguantes.

Así que el sistema amenaza con romper el traje tejido desde la superioridad que otorga haber disfrutado de absolutas mayorías parlamentarias y, cuando éstas se esfuman, desde la convicción de estar en posesión de la verdad. El problema es que las opciones para el recambio están crudas todavía. Necesitan varios hervores.

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