Muerte en el tajo

«La precariedad laboral no consiste sólo en el descenso de los salarios, que también, sino en el deterioro de las condiciones laborales. Y eso se paga con la salud, o la vida, de los trabajadores»

Hay una violencia de la que apenas habla. De unas víctimas que parecen no merecer minutos de silencio ni medidas urgentes para evitarlas. Ni visitas de las autoridades para transmitir las correspondientes condolencias a sus familiares. Pero lo cierto es que durante el año 2016 murieron 607 trabajadores en el tajo y ya en el primer semestre de 2017 la cifra alcanzaba las 300 personas muertas en el trabajo.

Una dramática estadística que tiene nombres y apellidos y que golpea también duramente a La Rioja. Ayer, sin ir más lejos, fue el último caso. Y es que durante el primer semestre del presente año, nuestra comunidad encabeza la lista de mayor número de muertes laborales de por número de trabajadores en toda España.

Las muertes en el trabajo y el número de accidentes laborales han aumentado constantemente desde 2013. Parece más que evidente su relación directa con la reforma laboral del 2012 y sus efectos en el deterioro de las condiciones de trabajo, así como a una falta clara de inversión en prevención por parte de las empresas.

Además de los miles y miles de trabajadores que han quedado heridos o enfermos, sin merecer apenas atención por parte de la opinión pública, ni provocar una reacción que supusiera un revulsivo para buscar medidas efectivas que eviten estas tragedias. Su mayor honor ha sido formar parte de esta terrible estadística.

La dramática figura surgida en estos últimos años del trabajador pobre dificulta, de forma muy notable, que este colectivo exija a su empresario cumplir con su deber irrenunciable de proteger la salud de los seres humanos que contrata.

Y es que la precariedad laboral no consiste sólo en el descenso de los salarios, que también, sino en el deterioro de las condiciones laborales. Y eso se paga con la salud, e incluso la vida, de los trabajadores. De modo que atendiendo a la relación entre el aumento de los accidentes y la reforma laboral, no tenemos dudas de que el número de accidentes seguirá en creciendo en los años sucesivos si no cambia el modelo de contratación.

¿A qué esperamos para que la sociedad diga «basta ya» y que las instituciones, partidos, empresas y sindicatos acordemos y apliquemos normas, cuyo objetivo sea acabar con las muertes, los accidentes y las enfermedades en el trabajo?

Esta sociedad debe, de una vez, dejar de considerar a los muertos, lisiados, incapacitados y enfermos por causas laborales como algo inevitable, como el precio a pagar para que el 'milagro' y la 'recuperación' española continúe; basta de seguir mirando hacia otro lado, mientras una gran parte de esta sociedad, mal viva y, en muchos casos, mal muera, en unas condiciones laborales en clara e infame regresión.

Son muchos los retos que debemos afrontar para ello: recuperar y potenciar la negociación colectiva, a la vez que reformar, actualizar y, muy especialmente, hacer cumplir, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.

Igualmente, se hace imprescindible formar en cómo prevenir los riesgos presentes en los puesto de trabajo, y formar y proteger a los trabajadores que tienen derecho a participar en la empresa en las cuestiones relacionadas con la prevención de riesgos en el trabajo. Todo ello con una paralela y necesaria potenciación de las Inspecciones de Trabajo para que vuelvan a ser los garantes de la seguridad y la salud de los más débiles y de los más desprotegidos. Debemos endurecer las sanciones de todo tipo en caso de incumplimiento.

En estos días en los que tanto se insiste en que uno de los pilares básicos del Estado de derecho es el cumplimiento de sus leyes, quiero recordar el contenido del artículo 15 de nuestra Constitución, en el que explícitamente se expresa que «todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes».

Por último, me gustaría destacar la importancia de los medios de comunicación en lograr estos objetivos, dejando en primer lugar de usar el eufemismo de «siniestralidad» y para referirse a las «víctimas laborales». Sin presión social no lograremos evitar el continuo aumento de trabajadores muertos en accidente o enfermedad laboral. Y parte imprescindible de esa presión son los medios de comunicación y que estos lleven estas noticias a espacios destacados. Que lo hagan para que los que formamos parte esta sociedad, todos nosotros, seamos conscientes que hemos vuelto a permitir, otra vez, que una persona, un trabajador, haya perdido su vida mientras trataba de ganársela.

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