EN VÍA MUERTA

Ser ministro de Fomento requiere aceptar de antemano el ejercicio de una tarea espinosa: es imposible contentar a todos. Peor aún, resulta un propósito de ilusos contentar a la mayoría. Las legítimas aspiraciones de cualquier ciudadano sensato a la mejora de las infraestructuras que condicionan su movilidad y, con ella, su calidad de vida, tropiezan con la insuficiencia endémica de recursos. Administrar la escasez pasa por ser una tarea ingrata, pero alguien tiene que asumir el desafío.

A Íñigo de la Serna le invade, en ocasiones, la sensación de que algunos medios informativos -este periódico entre ellos- se han confabulado para hacerle pasar por «el peor ministro de Fomento de la historia». Las opiniones son libres, pero la realidad es tozuda. Incluso amarga cuando, frustración tras frustración, la larga cadena de desengaños empieza a pesar sobre una ciudadanía que ya no tiene reparos a la hora de expresar su decepción, ya sea a través de los representantes que elevan las inquietudes colectivas hasta las instituciones o de los medios de comunicación que le sirven de referencia y de altavoz.

Cada nuevo ministro de Fomento es una esperanza. Especialmente en La Rioja, donde el escaso interés inversor del Estado va acumulando años y años de atrasos y haciendo crecer una desagradable sensación de abandono. En lo que concierne a esta región, los mandatos de los sucesivos ministros responsables de las obras públicas se van saldando con más chascos que alegrías. La aspiración de formar parte de los itinerarios de la red ferroviaria del siglo XXI recibió su primer mazazo de la mano del socialista José Blanco, que eligió Navarra -y excluyó a La Rioja- a la hora de dibujar el mapa del tren de alta velocidad que iba a ser financiado por la Unión Europea. El mismo Blanco trató de aliviar el coste político de aquella decisión asegurando, sin emprender ninguna acción concreta que diera credibilidad a su discurso, que el AVE llegaría a La Rioja al mismo tiempo que a Navarra. Hay quien, lo mismo en el bando socialista que en el popular, todavía quiere vender la misma burra como si fuera un corcel.

Lo cierto es que Blanco fuese y no hubo nada. Le sucedió la popular Ana Pastor y tampoco dejó para la historia ningún avance digno de ser anotado en su casillero. Más bien al contrario, la nueva ministra prometió lo que sabía que no podía cumplir: la máxima celeridad y la disposición del Gobierno de España para asumir el coste de construcción de la plataforma riojana si no llegaba la ayuda europea. Buenas palabras. Vanas ilusiones. No sólo mantuvo puesto el freno, sino que dejó caducar el estudio de impacto ambiental del tramo Castejón-Logroño. Para cuando Pastor cedió la cartera ministerial, aunque lo tapara con sigilo, el proyecto había vuelto la casilla de salida. Una vez prescrito, el informe de impacto ambiental no sirve para nada y es necesario elaborar uno nuevo. Otra vez plazos y más plazos.

Por mor de esa insana costumbre con la que los administradores públicos tienden a anunciar con gran artificio cualquier cosa que el sufrido pueblo soberano pueda acoger con agrado, pero a ocultar como cobardes todo aquello que pueda resultar inconveniente para sus intereses electorales, tuvo que ser De la Serna quien admitiera, agonizando ya este 2017, que el estudio de impacto ambiental necesario para seguir avanzando en la redacción del proyecto Castejón-Logroño estaba caducado... desde 2013.

Y no sólo eso. Los proyectos considerados por Fomento concluyen en la conveniencia de mantener el ancho de vía ibérico desde Logroño hasta Alfaro para permitir el tráfico de mercancías. Y por esa línea avanza, según De la Serna, la planificación actual. Eso sí, introduciendo mejoras en una plataforma ferroviaria del siglo XIX con el fin de «mejorar» -¡viva el eufemismo!- los tiempos de transporte. El ministro se ha comprometido a presentar en el curso del presente mes el estudio informativo del itinerario Logroño-Miranda de Ebro. Avanza que, este sí, se basará en un nuevo trazado con ancho de vía europeo. De prosperar esta propuesta, el eje de alta velocidad entre el Cantábrico y el Mediterráneo pasaría exclusivamente por Navarra, ya que el ancho de vía no sería igual en todo el corredor riojano. Más decepciones.

El actual ministro de Fomento llegó al cargo, hace ahora poco más de un año, con más voluntad de hacer cosas que presupuesto para cumplir sus sueños. No se puede censurar la ambición cuando está construida sobre buenas intenciones. Sin embargo, el riesgo de que se enfríe el entusiasmo es que acabe convertido en frustración. El mismo sentimiento que produce el cortoplacismo con el que se improvisan parches que, para colmo, pretenden ser vendidos a la opinión pública como «soluciones». Propuestas que no son más que socorridas formas de ganar tiempo mientras se enreda el bucle maldito de la política, ese laberinto que van construyendo quienes elevan el listón de las aspiraciones cuando corresponde cumplirlas a gobiernos del partido rival pero en el que ellos mismos acaban atrapados en el momento que toman el relevo y advierten la enorme distancia que existe entre lo que se promete y lo que se puede cumplir. Entonces sólo queda confiar en la desmemoria, por otra parte proverbial, del pueblo soberano. Y en los juegos de distracción. Un mal cuya mejor prueba diagnóstica se obtiene en las hemerotecas, esos templos en los que, negro sobre blanco, quedan delatadas las argucias para confundir a los electores incautos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos