Mira a tus misioneros

CCuando miro a los misioneros que van pasando por aquí, lo primero que veo es que irradian mucha paz con su mirada y su semblante. Los veo felices y llenos de Dios, con muchísimas ganas de transmitir su mensaje. Veo personas entregadas a los demás hasta límites insospechados que corren riesgos sabiendo que pueden perder la vida.

Son humanos y realistas. No ocultan sus miedos y sus temores, pero aun así siguen adelante. Los pobres son sus preferidos, están a su lado y sufren por su precariedad y por la violencia con las que se enfrentan cada día. Son agradecidos y muy desprendidos, no quieren nada para ellos, todo es para ayudar.

Dan más valor al ser que al hacer, no se dan importancia y viven su misión como algo que Dios les pide. No exigen que los demás hagamos lo mismo. Viven la universalidad de la Iglesia y en la labor que cada miembro puede hacer desde donde esté y como esté.

Algunos jamás regresan. Otros tienen que venirse, pero todos dicen que esta experiencia les ha cambiado por completo. Una vida llena, entregada y con sentido.

Sus testimonios tocan el corazón. No hace mucho apareció por la Delegación de Misiones una persona que quería apuntarse a la jornada anual que hacemos con los misioneros y familiares. No la conocíamos. Al decirnos su nombre, supimos que había sido misionera seglar en Colombia hace cincuenta años. Pocos días antes nos había hablado de ella otro misionero. Es enfermera, se fue muy joven, y casi recién llegada le tocó realizar un parto muy difícil, en condiciones muy precarias.

Había mucha intensidad y fuerza en su relato. El peligro de morir la madre y el niño era inminente; casi nada garantizaba su supervivencia, ni medios, ni cultura en aquel rincón de la tierra. Hizo todo lo que estaba en sus manos y esperó. Y... sobrevivieron los dos, después de verlos casi muertos. Lo consideraba un milagro de Dios, milagro que cambió su vida por completo.

Al marcharse, nuestros ojos la miraban de forma diferente a cuando vino. Y así pasa con todos los que por aquí aparecen y vemos cómo llevan en su corazón la mirada de Dios.

Los 203 misioneros riojanos que actualmente están evangelizando en 19 países de América, 9 de África, 5 de Asia y 6 de Europa, bien merecen un recuerdo especial en la jornada que les dedicamos desde hace 28 años cada segundo domingo de julio para solidarizarnos con ellos y ayudarles en las necesidades que se les presentan: familias necesitadas, reconstrucción de casas destrozadas en catástrofes, construcción de escuelas, colegios y centros de salud, botiquines itinerantes, pozos, luz eléctrica, centros nutricionales, capillas, reinserción de niños de la calle...

En 2016 las parroquias, comunidades, grupos, los niños de primera comunión y donantes anónimos aportaron 256.986,97 euros, de los que 250.723,53 se repartieron entre los misioneros riojanos en diversos proyectos y ayudas para necesidades personales.

El lema de este año nos invita a MIRAR a nuestros misioneros. Son 112 misioneros y 91 misioneras, algunos de ellos en situaciones difíciles en lugares complicados.

Esta jornada nos invita a mirarles con el corazón, como ellos se merecen. ¡Abramos bien los ojos, tienen mucho que mostrarnos!

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