El ministerio sin tiempo

El ministerio
sin tiempo

BERNARDO SÁNCHEZ

Para no ser Màxim Huerta un atleta de toda la vida ha pulverizado uno tras otro, sin quitarse las bambas, varios récords: pasar del último nombramiento a las primeras planas; conversión súbita al espíritu deportivo (a la primera entrevista); estancia mínima conocida al frente de un ministerio (con dimisión casi pegada al juramento del cargo); refresco express del histórico fiscal; plusmarca en el lanzamiento de cartera (pues no le ha debido dar tiempo ni a dejarla sobre la mesa; una cartera con el peso de la cultura más el del deporte: como para un levantador de Leiza); oro en la carrera (política) de velocidad y la salida de Twitter más rápida que se recuerda en Twitter. Y todo esto en seis días. Prueba contrareloj superada. El ejemplo vivo de cómo no eternizarse en un cargo. De cómo ni siquiera aterrizar en él. Pasar como una exhalación, que es una expresión anticuada, pero muy gráfica. Visto no visto. Digital. Mátrix Huerta. Un destino de película de anticipación, o de precipitación. A mí me gustaba este programa que tuvo hace un par de años en la 1 (que tuvo poco, también: ocho entregas, dos más que en el ministerio): Destinos de película. En él, el futuro ministro -a la vez que pasado, todo en un mismo lapso; así transcurre todo actualmente, sin apreciarse apenas diferencias entre la toma de posesión y la de desposesión- se asomaba, por ejemplo, en Praga, a los lugares donde se había rodado Misión imposible: protocolo fantasma. De forma parecida ha sido destinado Huerta en la Moncloa. ¿Qué se rodó aquí, en La Moncloa? No ha dado lugar ni a que no le quedara ni un telediario. Es todavía pronto para hacer balance de su gestión al frente del ministerio, pero seguro que el balance ocupará más tiempo que la gestión. E igualmente, costará más horas leer la novela que este ministro de la semana pasada y novelista de más atrás estará ya abocetando para relatar su experiencia en la acción de gobierno. Una acción imposible, fantasma. El caso es que -hablando de justicia deportiva- me ha dado por detenerme, ya ven, en la foto finish de este episodio, que está más cerca de un reality que de la política al uso. Una especie de inversión de El jefe infiltrado: aquí, en cambio, al concursante le proponen que durante una semana se ponga en el papel del jefe. De la cultura y el deporte. Con todo, resulta más real que el presidente que había hasta hace muy poco, que era el presidente oficial, ya muy hecho al personaje, pero que apenas estaba visibilizado. O algunos de sus ministros o ministras a las que les sobraron centenares de días en el cargo y a los que -es curioso, cómo es la cabeza, ¿eh?- ahora ya no les pongo cara. El reality español, en fin, sigue acuciado por preguntas codornicescas. Del tipo -y cito por Azcona-: ¿A dónde vamos a llegar? ¿Le gusta a usted el pan? ¿Cómo se procede en casos apurados? De igual manera, yo me cuestiono: ¿Quiere usted probar a ser ministro durante un rato? (Entiéndase también ministra en todos los supuestos) ¿Se puede ser un buen ministro para sólo seis días? Es más -y aquí viene la cuestión-: ¿Es suficiente con ser ministro de algo durante seis días? ¿Se podría hacer más, pongamos, empleando un séptimo día? Ejemplos hay de que ese día -suplementario a todos los efectos, y seguro que mal pagado- conviene descansar. Porque igual estamos sobrevalorando la dedicación, la vocación, tanto café de máquina. Todo el protocolo de los antiguos ministerios, vaya, ahora muy sobrepasado por los postmodos de la inmersión, de la emprendeduría, de lo efímero. Ha sido Màxim Huerta un olímpico de lo efímero, un deportista de élite malgré lui. ¿Debieran ser los contratos de ministro para seis días, renovables? Hoy se promocionan trabajos con una precariedad mucho mayor. ¿Debiera implantarse un periodo de prueba en el trabajo de ministro? ¿Se puede ser directamente exministro sin pasar por ser ministro? A lo mejor, con una cosa de seis días,... que ves un poco cómo está el asunto... y ya. En este caso, además, es que Huerta lo tenía a huevo: tres días para la Cultura y otros tres para el Deporte. La pena es que Huerta se ha marchado justo cuando ya habíamos aprendido a poner (y a pronunciar) hacia la izquierda la tilde de Màxim. Él también lo ha lamentado en los mismos términos. Esta tilde es lo que se conoce como acento grave, que se da un aire como más singular que el agudo común. La wiki afirma que este acento es indicador de apertura, intensidad y tono. Ya nunca lo sabremos.

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