Un mínimo de confianza

Rajoy y Sánchez no pueden anteponer sus sentimientos personales o intereses partidistas a la obligación de entenderse

El presidente Rajoy y Pedro Sánchez se dieron ayer la oportunidad de hablar durante dos horas y media para establecer unas relaciones normalizadas y procurar algo de confianza entre sí. La confrontación política y la liza electoral forman parte esencial de la vida democrática. Pero ni pueden ser sus únicas vertientes ni deben enconarse hasta la animadversión personal entre responsables públicos. La actual legislatura y el período anterior han señalado los errores en que podrían volver a tropezar Rajoy y Sánchez. El PP no puede olvidar que está en minoría, y que la estabilidad en el gobierno del país requiere sumar más parlamentarios a favor que en contra, lo que obliga a perseverar en el diálogo con el PSOE. El «nuevo socialismo» de Sánchez no puede limitar su política de alianzas a voluntaristas complicidades con Podemos, Ciudadanos y otros grupos, excluyendo de antemano al PP. Rajoy y Sánchez no deberían buscar acomodos puntuales en acuerdos bipartidistas que orillen a las demás formaciones, circunscritos tantas veces a nombramientos y designaciones. Del mismo modo que resulta inconveniente que los populares y Podemos traten de ahogar conjuntamente las aspiraciones del socialismo cuando éste se ofrece como factor moderador. La identificación de los errores posibles no asegura aciertos, pero se trata de que no empeoren las cosas, y de que las escenas más enconadas no se repitan una y otra vez. Ayer se hizo patente que ambas formaciones rechazan la pretensión independentista de Cataluña. El compromiso con la legalidad que comparten Rajoy y Sánchez está fuera de duda. Pero por eso mismo el «nuevo PSOE» debería abstenerse de reclamar una «solución política» al desafío secesionista sin dar pistas de en qué está pensando, y de emplazar al Gobierno a que «tome la iniciativa» con la advertencia de que, si no, la tomará el partido de Sánchez en septiembre. Es decir, en vísperas del 1 de octubre señalado en el calendario independentista como el día crucial. Es razonable la crítica a Rajoy por no haberse movido antes, pero el secesionismo que aparenta dirigir Puigdemont ha desbordado hasta tal punto los cauces de la normalidad democrática que se ha invalidado a sí mismo como interlocutor, por lo menos hasta el 1-O. Algo que los socialistas saben perfectamente.

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