El miedo ante el cuadro en blanco

El  miedo ante el cuadro en blanco

BERNARDO SÁNCHEZ

Ayer se vio en el Bretón Arte, el clásico de Yasmina Reza. Arte es una función, un texto, una tela (y texto significa tejido) que trata sobre el fondo del cuadro. Sobre el fondo del fondo del cuadro. Allí donde ya no se pueden hallar más que indicios de nosotros mismos. Un apunte de nosotros mismos, un mero boceto. Quizás incluso un pentimento de nosotros mismos. Sí, eso: sobre todo un pentimento de nosotros mismos. Desde 1994, en cada nueva producción de Arte -adaptado a todos los países y elencos posibles- este doble fondo muta. El Antrios en cuestión, el cuadro supuestamente en blanco, subjetivamente en blanco que ha comprado Sergio -no por casualidad dermatólogo; o sea, un experto en la textura- transforma el calado de su fondo según la entretela del trío de personajes, al que los actores, distintos en cada montaje, y por tanto provistos de distintos rostros, miradas, edades, voces y discursos, ofrecen oportunas y sutiles variantes del drama. Lo único que ha envejecido en Arte es el precio del Antrios, al que Reza le puso un precio de salida de doscientos mil francos y Flotats, en su estreno español, en 1998, de cinco millones de las antiguas pesetas. ¿Y cuál es el precio del cuadro que nos contiene? Pero Arte, como su propia pieza de convicción, el dilemático cuadro, siempre hace un papel en la pared del salón. Diferente en cada caso y en cada casa. Si el salón y sus habitantes cambian, el Antrios, blindado en su capa de blanco subjetivo -un blanco incómodo y provocador-, parece otro Antrios. En Arte, por ejemplo, la nieve de la tela es una tapadera, un escenario que se va deconstruyendo. Hasta dar con el tema. Si usted conoce la función y su Antrios, ya sabe de qué hablo. Pues se vio Arte ayer, en una semana en la que, en los despachos oficiales y en los medios de comunicación, se ha polemizado sobre la nieve. La nieve como crisis pública y privada. En la que se ha discutido mucho sobre el cuadro en blanco de la AP-6. Sobre quién había, quién no había o quién debía de haber habido al fondo del paisaje de una autopista nevada. Sobre qué hacían o qué deberían haber hecho lo que se encontraban allí inmersos. Sobre qué significaba todo ese caos apenas alisado por la cortina de nieve. Y cada uno, como en el Antrios de Sergio, ha visto una cosa distinta. Y se ha visto a sí mismo dentro o fuera. O en los dos sitios a la vez. O en ninguno. Y luego están Zoido y Serrano, haciendo el cuadro. Y los que quieren pasar el quitanieves sobre la hemeroteca. Ahora mismo, esa nieve del cuadro de la AP-6 está en manos de la Fiscalía del Madrid, para peritar su autenticidad. ¿Será el Antrios que ha comprado Sergio un auténtico Antrios? Como decía de sus falsificaciones Elmyr De Hory (1906-1976), el más genial de los falsificadores de arte, una falsificación, si está colgada en un museo el tiempo suficiente, se vuelve auténtica. A Sergio, Marcos e Iván les ha costado casi una vida autentificar su amistad. Y adoptan un Antrios como certificado (al fin y al cabo ellos, tres burguesazos, se podrían pagar una falsificación a precio de un original y viceversa). Se volvió a ver Arte ayer, en una semana en la que se ha desvelado que un tercio de los Modiglianis que se expusieron en el Palacio Ducal de Génova en la primavera del 2017, en la gran Exposición sobre el pintor, eran falsos. Seguro que habían colgado alguno de De Hory, que fue de los mejores falsificadores de Modigliani. Serían -transcurridas ya las décadas suficientes- auténticos Modiglianis, claro. Cuando De Hory iba con un Modigliani a su marchante, a éste no le importaba mas que que fuera un buen Modigliani. Es más, De Hory es el autor de la primera obra maestra de Modigliani. Contaba que un día abrió un librazo definitivo sobre el autor, editado en Nueva York, y el cuadro reproducido que llevaba ese pie, era una falsificación suya. No cabe duda que De Hory llegó a entender muy bien el fondo de los cuadros de Modigliani. Lo cierto es que un cuadro, cuanto más blanco, es más difícil de falsificar. Se nota enseguida. Se vio Arte ayer, en una semana en la que, en fin, en Toledo ha reaparecido una 'Visitación' atribuida al Greco y en la que en el lienzo de las pantallas de los cines se ha estrenado Loving Vicent, filmada óleo a óleo, en lo que la prensa ha denominado -maravillosa descripción- «el método cinematográfico más lento jamás ideado», tan lento como la nieve. Los que han imitado los óleos de Van Gogh para la peli dicen que en uno sus originales el pintor había dejado incrustado un saltamontes. Dentro del paisaje de un cuadro en blanco, tipo Antrios, o hay una reflexión -como se pregunta Marcos- o un saltamontes.

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