SE METIERON EN UN JARDÍN

MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ - EL TRAGALUZ

Los gestores públicos, que durante años han hecho la vista gorda con las construcciones residenciales erguidas en lo que antaño, pero muy antaño, fueron casetas de aperos, se metieron en un jardín. Más bien, en cientos de jardines con fuente, porche, barbacoa y piscina, que coquetamente adornan las viviendas ilegales que, como hongos, vergonzosamente han proliferando en terrenos no urbanizables de La Rioja.

Las advertencias de los ayuntamientos poco efecto han tenido sobre los propietarios: les sale más a cuenta pagar una multa que edificar el chalé en suelo urbano, con todo el pastizal que hay que soltar en impuestos al margen de la construcción en sí. Y no parece tampoco que se echen a temblar pensando en el riesgo de ser obligados a restituir la legalidad, al derribo, porque nadie ha hincado el diente a ese hueso incomible de tan elevado coste político. Y a saber si alguien lo hará en una región que es como un pañuelo en el que todos los mocos se tropiezan.

El problema no radica en la gente con una huertita que se habilita un merendero para disfrutar cada domingo de unas chuletillas asadas o de una caldereta. Además, esa es una costumbre arraigada en esta tierra que conviene preservar. La contrariedad está en quienes empiezan construyendo un asador de piedra y luego, poseídos por el virus del ladrillo, se levantan un formidable unifamiliar, que para qué van a querer un apartamento en Salou si en la 'huerta' se está de vicio, divinamente.

Así que como abusadores y pícaros siempre va a haber, en las administraciones está comerse el marrón de hacer cumplir de una vez la normativa urbanística para no dejar como tontos a quienes sí respetan la Ley.

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