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Todos los escenarios que se vislumbran en la política española a partir de la moción del viernes generan zozobra

Conforme se acerca la moción de censura del PSOE contra Mariano Rajoy que el Congreso debate a partir de mañana, el clima político se tensiona y las turbulencias se extienden a la economía. El severo castigo sufrido ayer por la Bolsa y el fuerte aumento de la prima de riesgo reflejan la incertidumbre por la situación institucional. Sin embargo, sería ventajista y poco acorde con la realidad atribuir exclusivamente esos reveses a la iniciativa socialista, como hizo el Gobierno, cuando la inestabilidad en Italia y el temor a que unas nuevas elecciones en ese país refuercen a los grupos antieuropeos sacudieron ayer las principales plazas financieras del continente. Los vaivenes de los mercados no deben coartar la acción libre de partidos e instituciones. Pero estos tampoco pueden desentenderse de los efectos que sus acciones e inacciones generan en una economía libre, de la que depende el bienestar de la sociedad y la capacidad recaudatoria de las administraciones públicas. Los tres escenarios que se vislumbran en la política española generan zozobra: el acceso de Pedro Sánchez a la presidencia sin una mayoría de Gobierno, la contestada permanencia de Mariano Rajoy en La Moncloa tras la sentencia de la 'trama Gürtel', que ha dejado malherido al PP, y la convocatoria en breve plazo de unas elecciones a cara o cruz. La incertidumbre se debe fundamentalmente a la inexistencia de un clima de acuerdo en un panorama partidario tan fragmentado. Se debe a que lo único previsible es el enfrentamiento de todos contra todos en un ciclo que era electoral ya antes de la sentencia de la Audiencia Nacional. Incluso los presuntos partidarios de la moción de censura se están comportando como si, en realidad, mantuvieran un pulso entre ellos de cara a la votación del viernes. La caída en un 2,5% del Ibex y el acelerado ascenso de la prima de riesgo no son fenómenos alejados de la preocupación ciudadana y del hastío social porque la política continúe siendo fuente de problemas. Solo un fundamentalismo de izquierdas abonaría la idea de que se trata de dos realidades contrapuestas. En España no hay una formación política que defienda abiertamente la salida de la UE o del euro. Pero la continuada inestabilidad política nos hace parecernos cada día un poco más a Italia, aunque sin la tradición y sin los resortes civiles e institucionales con los que el socio europeo cuenta para sortear sus periódicas crisis.

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