La memoria histórica y las pensiones

ALONSO CHÁVARRI

Cuando Zapatero sacó adelante la Ley de la Memoria Histórica no podíamos imaginar que iba a tener un recorrido tan largo y tan polémico y que iba a estar en nuestros noticiarios tanto tiempo, pues lleva camino de durar más que la propia dictadura, además de acabar con buena parte de los monumentos históricos -aunque no nos gusten- del franquismo.

Vaya por delante que no tengo ninguna simpatía por el régimen del 36, pues la educación católico-franquista de la época me amargó la infancia -una educación basada en el sopapo como norma y en la dominación física y mental-, me confundió en la adolescencia, en la que casi todo era pecado o estaba prohibido, y me intimidó y me tocó las narices en la juventud -tengo contado el caso de un amigo que acabó en comisaría por besar a su novia, en un banco del parque, y el disparate no acabó mal porque tenía un tío general de división-, en la que teníamos a la policía en un cuartelillo, dentro de la Facultad de Ciencias de la Universidad Complutense y, constantemente, salíamos de clase entre dos filas de grises con porras que pegaban al azar, o quizá no tan al azar, porque algunos recibían siempre y otros nunca. Cuento esto para no parecer sospechoso de afinidad con algún tipo de tardofranquismo o de ser, políticamente, heredero de aquel régimen nefasto -debo de ser de los pocos que han votado, en las últimas citas electorales, a casi todo el arco parlamentario, pues siempre hay algo que me defrauda y no vuelvo a votar a los mismos-.

No tengo nada en contra de que quienes quieran recuperen lo restos de sus familiares, enterrados en cunetas, fosas o donde sea, aunque hayan pasado ochenta años de los hechos luctuosos, pero siempre me he preguntado: ¿cuánto tiempo ha de pasar para que un suceso trágico se convierta en historia? Lo lógico sería que fuese historia cuando desaparecieran quienes vivieron los hechos trágicos. El problema suele ser la aparición de intereses, de diversa índole, pero especialmente política, para que no pase a ser historia.

No me parece bien que se destruyan esculturas, aunque sean de personajes impresentables o de dictadores, pues si alargamos la destrucción en el tiempo no quedaría casi ningún monumento, ya que todos los reyes, anteriores al 75 eran dictadores, así como generales, etc. No creo que nadie, en Logroño, quisiera derribar la estatua del general Espartero.

Para acabar, no me parecería mal la Ley de la Memoria Histórica siempre que nos saliese gratis a los españoles. Pero si hay que dotarla de un importante presupuesto, prefiero que el dinero vaya a mejorar las pensiones. Y no me sirve que digan que ese dinero es 'el chocolate del loro', porque hay demasiados loros y demasiados chocolates que acaban dejando sin presupuesto a partidas verdaderamente prioritarias. Como las pensiones.

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