Masacre en Gaza

Benjamín Netanyahu tuvo el valor de decir sin pestañear siquiera que ayer fue un gran día para Israel. Desde luego, no para los palestinos de la Franja de Gaza: más de medio centenar murieron tiroteados por el Ejército israelí. La marcha hacia la frontera había sido la respuesta política desde las filas palestinas a la decisión del presidente Trump de trasladar la Embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, una iniciativa que liquida en la práctica todo proyecto de solución a un interminable conflicto. El repudio internacional a la masacre fue universal, aunque ciertas convenciones diplomáticas o meros intereses bilaterales lo atenuaran en las formas. Israel festeja los setenta años de su creación con su enorme Ejército disparando impávido contra una multitud de civiles en vísperas, por si fuera poca provocación, del comienzo del Ramadán. Israel se las ingenió para esquivar toda la presión del Gobierno de Obama en pro de una solución política. Ahora, Netanyahu se aprovecha de la presencia en la Casa Blanca de un presidente rendido a los intereses israelíes. La conducta de Trump es, también en esta materia, políticamente nociva y moralmente insostenible.

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