MARAGALL, SU SENIL SEÑORÍA

PABLO GARCÍA-MANCHA - MIRA POR DÓNDE

Este país será siempre nuestro, espetó el diputado más viejo de Parlamento de Cataluña en sus cinco minutos de gloria como presidente de la Mesa de Edad de la cámara autonómica. Ernest Maragall, de ERC, hermano de Pascual, ex consejero socialista de Educación en la época del funesto tripartito de José Montilla y, cómo no, funcionario a dedo del último alcalde franquista de Barcelona. Maragall 'el viejo' haciendo de la indignidad su última impostura: el discurso del odio hacia todo aquel que no se digne a pensar como como su senil señoría barrunta, a la vez que trata con inusitado desprecio y amargura a un diputado popular al que confundió su apellido de Martínez por Rodríguez. ¡Qué diablos más da si ambos son la misma cosa maketa! Ernest Maragall, con traje gris, camisa azul clarita (el azul mahón ya no se lleva, aunque lo tenga impreso en el alma) como la más pura expresión de la Cataluña que se inmola a sí misma. Los tópicos de siempre: «España no sabe ganar, sabe derrotar, solo sabe imponer, humillar y castigar». Las falacias que nunca faltan: «Los prisioneros políticos y el gobierno en el exilio». Todo en Maragall suena a viejo, a mente calcinada por su propia desesperanza y afán de supervivencia en lo público, esfera del Estado en el que ha encontrado acomodo desde mucho antes de la muerte de Franco hasta estos funerales de la Democracia que ofician sin descanso desde el violado Parlament. «Este país será siempre nuestro», escupe Maragall con la tinta negra que aún queda en sus uñas de su etapa de funcionario franquista a dedo del alcalde Porcioles, otro viejo que se columpió desde la Lliga Catalana hasta los más altos despachos de la dictadura.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos