Manuel no sabía que era un maltratador, pero lo era

«Reconocer la existencia del problema es el paso previo para la terapia, y sólo desde esta perspectiva se puede iniciar un programa para el cambio»

Escucho el relato de Manuel, padre de dos hijos. Empieza su historia contándome que desconocía que era un maltratador, pero lo era... Lo descubrió, justo el día en que lo detuvieron.

Manuel prosigue su historia.

«Soy el menor de cinco hermanos. Desde muy pequeño, en mi casa he visto cómo a las chicas les educaban de una forma totalmente diferente a los chicos. Nunca me había parado a pensar en cómo esto influiría en mi vida.

Conocí a María el primer día de universidad. Desde entonces, no volvimos a separarnos hasta que pasó todo. Mantuvimos una relación de noviazgo durante la carrera. Cuando la terminamos, nos casamos. Más tarde, montamos una empresa y decidimos tener familia. A los pocos meses, se quedó embarazada y dejó de trabajar. Con el nacimiento de mi primer hijo sentí que había perdido a mi mujer y todo empezó a ir mal.

Me volví agresivo, todo me enfadaba, empezaron los insultos y vejaciones hacia ella....le pedía perdón y María me perdonaba. Me perdonaba y al día siguiente volvía a ocurrir. Desconocía que era un maltratador, pero lo era...

Un día, tras darle un empujón, le prometí que nunca más volvería a pasar. Le pedí perdón y María me perdono. Pensé que teniendo un segundo hijo todo iba a cambiar, pero el que tenía que cambiar era yo. Desconocía que era un maltratador, pero lo era...

María se quedó embarazada de nuestro segundo hijo y volvió a ocurrir. Ella no tenía tiempo para mí y pensé que la perdía. Los insultos, vejaciones y las agresiones físicas se reanudaron. Me juraba a mí mismo que sería la última vez. Desconocía que era un maltratador, pero lo era...

Una noche, después de llegar cansado del trabajo, pedí a mi mujer que hiciera callar a nuestro hijo, pues no hacía más que llorar. Comenzó una acalorada discusión que terminó con una llamada a la policía y mi posterior detención.

Después de ese día, entendí que hay muchas otras formas de violencia que ejercemos, sin ser conscientes de ello; que desconocía que era un maltratador, pero lo era...

Y así al fin vi la luz, como si el velo que me impedía verla hubiese caído de repente».

Hasta aquí, el relato de Manuel.

La rehabilitación del agresor no solo es posible en muchos casos, sino necesaria y fundamental para romper el ciclo de la violencia y evitar su reincidencia. El éxito de la rehabilitación se basa en dos puntos: que el maltratador tenga conciencia de serlo y que tenga motivación para cambiar.

El panorama actual se centra en el empleo de un tratamiento individual cognitivo-conductual, ajustado a las necesidades de cada persona, combinado con sesiones grupales, en el marco amplio de un programa de violencia familiar y con un tratamiento psicofarmacológico de control de la conducta violenta, a modo de apoyo complementario.

El programa terapéutico debe ser dilatado con un seguimiento regular que cubra un período de uno o dos años. Las sesiones grupales tienen como objetivo neutralizar los mecanismos habituales de negación, minimización y atribución causal externa de las conductas violentas.

Se trata, asimismo, de generar conciencia del problema y de ayudar a asumir la responsabilidad del mismo, así como de hacer ver que el cambio es posible y de desarrollar estrategias de afrontamiento efectivas para abordar las dificultades cotidianas. De este modo, expresar la necesidad del cambio -asumida como decisión propia y no como resultado de las presiones externas- e interrumpir la cadena de la violencia son los objetivos fundamentales de estos grupos terapéuticos y el requisito imprescindible para abordar otras metas de mayor alcance.

La negación -total o parcial- del problema dificulta la búsqueda de ayuda terapéutica. No es, por ello, infrecuente que no se acuda a la consulta o se haga en condiciones de presión (amenazas de divorcio por parte de la pareja, denuncias, etc...) con el autoengaño de que «esta situación de violencia nunca más se va a volver a repetir», siendo esta actitud el reflejo de la resistencia al cambio.

A causa de lo dicho, resulta prioritario evaluar en estas primeras fases del tratamiento el grado de peligrosidad actual del paciente y el nivel de motivación para el cambio. Reconocer la existencia del problema es el paso previo para la terapia, y sólo desde esta perspectiva se puede iniciar un programa para el cambio.

El caso de Manuel se sumerge en una tolerancia hacia la violencia en general y la desigualdad patente que todavía reina. Dos esquemas que imperan en la mente de muchas personas y que debemos modificar. No hablamos de una lucha entre sexos, sino de un camino que debemos hacer entre todos.

El 25 de noviembre, día para la erradicación de la violencia hacia las mujeres e hijos, es una fecha para la reflexión sobre cómo hacer frente de una forma efectiva a este problema, pero también sobre lo que estamos haciendo y lo que nos queda por hacer.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos