MANADA

ARANTZA FURUNDARENA

Un abogado defensor de 'la Manada' asegura que sus cinco integrantes son «buenos hijos». Pues nada, si tan buenos hijos son, que hagan el siguiente ejercicio: que se imaginen por un momento a su madre arrinconada en un oscuro portal, muda, con los ojos cerrados y cinco tíos encima... ¿Pensarían que está satisfaciendo alguna excitante y secreta fantasía sexual? Me da que no. Que más bien concluirían que a su madre la están violando cinco desalmados a los que probablemente ellos, dado su mote y su instinto depredador, querrían desollar vivos. Comprenderán entonces estos 'modélicos hijos' que la inmensa mayoría de la opinión pública se haya puesto en su contra, antes incluso de conocer la sentencia.

Es cierto que hay que esperar. Y que no debemos permitir que los prejuicios enturbien la verdad. Cierto es también que las orgías existen y que hay hombres y mujeres que participan encantados en ellas. Pero es que los indicios que aquí se acumulan son bastante más siniestros que jocosos. Por ejemplo, si no hubo violación, si todo fue (tal como ellos sostienen) puro disfrute pactado y deseado por ambas partes... ¿Cómo es que la bacanal tuvo un final tan desigual y tan abrupto? ¿Cómo es que no se fumaron juntos (ellos y ella) el famoso cigarrito de después?¿Cómo es que no salieron de allí los seis tan amigos, ni se intercambiaron los teléfonos para próximos encuentros eróticos? Ah, que ella no tenía móvil porque ellos decidieron quitárselo, que la dejaron tirada en el portal, como se tira una jeringuilla después de un chute...

Hayan violado o no (y tienen muchas papeletas e incluso papelinas de que sí), ya solo el concepto que ellos manejan de la mujer como mero producto desechable (salvo quizá su madre y su hermana), aconsejaría que a estos lobos en manada los retiraran de la circulación un buen rato. No diré que les deseo que en la cárcel les apliquen su lógica cuando en la ducha se agachen a recoger la famosa pastilla de jabón. Prefiero que los reeduquen de verdad, que los saquen de ese universo paralelo que lleva al enfermo de machismo a creer que un no es un sí, que un grito es un gemido, que Pamplona era una fiesta y que todo el monte es orgasmo.

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